Los senadores con su infamante barrilito, en contra del cual no hay quien les hable. Los diputados con su cofrecito. Que los recursos provengan del alarmante endeudamiento público o de abusivas cargas fiscales es lo que menos importa. Los diputados, preñados de privilegios que superan con creces los servicios que ofrecen, no podían quedarse sin la bicoca de 50 mil y 100 mil para las habichuelas con dulce en Semana Santa. Se agregan al rosario de ingresos que representan el sueldo, las dietas, los gastos de viaje y de representación, el cofrecito, los Reyes, uniformes y útiles escolares y la Navidad.
Si un presidente donó alrededor de dos mil 300 millones de pesos en tres años (2006-09) sin ni siquiera presentar soportes, pero tampoco sin que se abriera una investigación, los gastos para habichuelas con dulce parecen una nimiedad
Las erogaciones explican por qué las cámaras legislativas buscan impedir a toda costa que los ciudadanos puedan querellarse contra funcionarios que incurran en algún tipo de irregularidad.

