El 9 de marzo de 1986, en la página 17 de este vespertino salió, con el título “Lo que pretendemos” la primera entrega de “Algo más que salud”, esta es una parte, pues hoy me autorizan 300 palabras menos.
Creo haber cumplido: “Desde los tiempos más remotos, desde la misma aparición del hombre, éste ha necesitado de formas de comunicarse desde los gestos, muecas, señas, dibujos y gritos hasta la palabra hablada, pero esta rabiosa necesidad de comunicación se debe a lo indispensable que le es tener un medio de expresión para sus congéneres, eso garantiza su supervivencia.
Hoy día existen las más inverosímiles formas de comunicación que van desde algo ya tan simple como el teléfono, hasta las transmisiones vía satélites y otros que desconocemos, pero entre ellas está la palabra escrita y es con esta que nos comunicaremos con ustedes.
Esta columna pretende enfocar, desde todo punto de vista el asunto salud, pero no bajo la estrecha óptica de su concepción tradicionalista de que es tan solo lo que tiene que ver con médicos hospitales, enfermeras, medicinas, enfermedades… no, aunque necesariamente habremos de tratarlos, pretendemos plantear, de manera crítica otros asuntos que a lo mejor tienen más repercusión en la salud colectiva, así discurrirán, en estas páginas, asuntos como la contaminación ambiental el nivel de empleo y subempleo, la accesibilidad a los servicios de salud, las posibilidades de recreación, el derecho a la educación la protección de los obreros en las fábricas, la forma de transportación, los servicios de agua potable y tratamiento de aguas negras; en fin todo aquello que de una forma u otra influya en la alteración de la salud y que puede enmarcarse en el título de la columna… debiendo aclarar que no pretendemos transgredir la ética médica por lo que no deben esperar que estas líneas le brinde tratamientos para quebrantos ni mucho menos que nosotros nos hagamos el todólogo. Llegaremos hasta donde la prudencia nos lo indique. Mostraremos, que en el fondo, todo es “algo más que salud”.”

