Opinión

Hace un mes

Hace un mes

Nada pasa más de prisa que el tiempo. Los meses y los años se van retrayendo del calendario con asombrosa celeridad, y solo cuando rebuscamos en los recuerdos para fechar sucesos de nuestro propio pasado, es que nos percatamos de lo mucho que han avanzado las manecillas del reloj. El domingo próximo se cumplirá un mes del deceso de mi padre, pero para mí, aquella plomiza madrugada de junio que me dejó de compañero al silencio, no se ha apartado ni un segundo de esta tarde.

Con frecuencia, lo acompañaba a recorrer de vuelta su pasado, a echarle una mirada retrospectiva a sus días de relumbrante popularidad, de secretario de prensa del Consejo Estado presidido por Rafael F. Bonnelly, de Canciller de Hierro, de líder del bloque parlamentario de oposición, de presidente de la Comisión Política del PRD, de Rector de la dignidad. Aquellos eran tiempos convulsos, de enconados enfrentamientos políticos, de dura represión policial, de privaciones económicas conmovedoras. Nada de eso, sin embargo, sojuzgó su dignidad ni sus principios.

Cuando la Cámara de Diputados conoció el proyecto de ley que exoneraría de impuestos la importación de vehículos a cargo de los legisladores, se registraron 50 votos a favor, una abstención y 7 en contra. En su edición del 18 de octubre de 1966, El Caribe reportó que aunque la votación fue secreta, el único diputado que expresó públicamente su oposición fue mi papá, y en los archivos aduanales debe constar que ni entonces ni nunca hizo uso de ese privilegio.

Hace 15 años un periodista le preguntó si se sentía satisfecho con lo que había llegado a ser, y él respondió: “Sin falsas modestias, yo no soy nada excepcional. Un hombre común y corriente que ha querido lo mejor para su patria, a la que ama entrañablemente. He sido feliz porque mi esposa y mis hijos han hecho lo posible para que me sienta orgulloso de ellos. Solón, el sabio legislador ateniense, decía que un hombre no puede considerarse realizado sino al término de su ciclo vital, y aunque mi curva no ha llegado a su punto final, vislumbro ya una salida sin tropiezos.

El Nacional

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