En un momento dado resulta hasta bueno, agradable y placentero hacerse el loco y en una esquina del parque dedicarse a vocear a pleno pulmón que aparecen algunos encumbrados, los cuales son tenidos por serios y ejemplos a seguir, algo así como paradigmas de la decencia y profesionalidad, quienes se quedan sólo en eso: en la fachada, ya que únicamente son eso.
Como seña de identidad usted los reconoce por ser seres encumbrados, igual a decir engreídos, serios por su cara dura y vaya a ver si la tienen-; ejemplos por su especialidad farandulera de desdoblarse por momentos y pasar de payasos a venduteros y de mozos serviles y prepotentes a creerse dueños, amos y señores del palacete del amo.
Estos ingratos se convierten en azotes, expresando frases ambiguas y locuciones cuyo atrevimiento cae más allá de la desvergüenza, con la bajeza de camuflar su desnudez moral bajo un manto sedoso de pudor que los convierte en atractivos cebos para los ingenuos, como carnada para el pez; mientras tanto, continúan con su buena pesca en base a contaminar todo el estanque para ocultar el acto criminal y desvergonzado del amo a quien sirven, juzgando inferior la virtud de los demás -¡que vivan la chercha y el libertinaje!- y de esta manera se acaba la farsa y que vivan los programeros que se han sabido vender, porque de que son bien pagaos no hay dudas, razón por la cual hay que llamarlos los bien pagaos.
Si, El silencio es la virtud de los locos (Jacinto Benavente), frente a tales esperpentos uno se ve tentado a ponerse un ziper en la boca en presencia de los desplantes de estos engreídos que tan en posesión de la verdad dicen estar, pero qué va, a uno siempre le tienta el gusanillo de la criada respondona.
Y en lo que el hacha va y viene la gente sigue aglomerándose atraída por la voceadera del loco. Éste continua impertérrito con su cantaleta expresando que estas personas denigran la honra de otros a los cuales no pueden siquiera lavarles los pies, y lo hacen sin pudor alguno -claro, porque desconocen lo que es eso-. Los culpables si es que lo son- salen absueltos, alabados y víctimas, mientras a aquel que erróneamente lo consideran culpable de sus desgracias le declaran la peor y asquerosa campaña de descrédito, la cual, al estar basada en mentiras y urdir tramas -al mejor estilo maquiavélico-, caen una tras otra frente al impenetrable escudo de moralidad, lealtad y eficiencia que adornan la personalidad del supuesto culpable de sus peores pesadillas.
En semejante escenario se continua confundiendo el silencio con el miedo, cuando la palabra correcta es una que ellos desconocen -y saben a conciencia que nosotros sabemos que la ignoran-, y se llama lealtad y como desconocen eso se envalentonan en el supuesto de producir una sumisión, por una parte y, por el otro lado, algo peor que estamos dispuestos a afrontar y verán si el gas pela. A esto se le llama indignación, hastío de lo mismo, ya que como locos hablamos.
Aunque se dice que todo obra para bien y que cada cosa tiene su lado bueno y su lado no tan malo, la verdad es que este postulado tiene mucha tela por dónde cortar. Por ejemplo, se presentan situaciones en la vida que al final usted agradece y más cuando usted cree en la amistad y que esas acciones pasajeras ponen al descubierto quiénes son y han sido sus amigos. Usted descubre la cobardía de hasta negar un saludo por temor a perder un puesto, ya que si la parte supuestamente poderosa se entera de ese saludo le podría traer problemas. Cobardes, ingratos y miserables que ponen al descubierto su falta de carácter y sumisión. Total, que como quiera los puestos son transitorios y después con descaro querrán volver a dar explicaciones y pedir excusas por su inexcusable comportamiento.
Por todo lo anterior y lo que le falta decir al bendito loco, es que se dice que al zorro sólo se le puede mantener por un tiempo lejos del gallinero, y es ésta la razón por la cual es valedero luchar por la causa en la cual se cree sin importar opiniones -mi opinión tiene más peso que la de todo el mundo, como bien aseguró Cicerón-, agregándole a eso cuantas bajezas se pueda imaginar un ser perverso, siempre y cuando esa causa esté basamentada en lo ético y moral. De lo contrario, de nuestra parte lo lógico y menos complicado es aceptar simple y llanamente lo que al contrario le venga en ganas, aunque pertenezca a la peor y asqueante alianza que exista para la época de que se trate.
Pero, mientras el hacha hace su trabajo de nuevo no es verdad que esa ausencia patológica de voluntad sin que exista trastorno somático ni intelectual y que recibe el nombre de abulia se va a apoderar de nosotros. Rey o verdugo que someramente crea que sea posible mancillarnos, hacernos doblar el lomo o claudicar así por así, indiscutiblemente se equivocó, porque mientras el cuerpo aguante la voluntad de defender y luchar por lo que siempre hemos creído y que todo el mundo conoce, no cederemos ni un ápice, muy por el contrario, aunque hasta las llamadas amistades y supuestos amigos se alejen, haciendo más que notoria su alejamiento y cobardía para no verse mezclados en una lucha de intrigas asquerosas, urdida por tontos útiles e ilusos que se creen dueños y señores de esto que llamamos nación.
En eso de hacerse el loco sería bueno persistir manteniendo la cordura y compostura, siguiendo a Paulo Coelho, cuando dice: Así debéis hacer vosotros: manteneos locos, pero comportaos como personas normales. Corred el riesgo de ser diferentes, pero aprended a hacerlo sin llamar la atención. Bueno es hacerlo así, porque volviendo a Benavente, Si la gente nos oyera los pensamientos, pocos escaparíamos de estar encerrados por locos.
Aún así, la cosa es peor -y no se detiene el bendito loco-, porque con nombre y sin nombre todos son conocidos, y reitero, que muy a pesar de algunos analistas decir que en esta lucha estamos fracasados, creo todo lo contrario, porque con o sin, reitero, nadie me ha podido poner narigón, porque no soy buey. ¡C !. Y después de decir esto, como loco al fin, lo placentero sería salir caminando de lo más campante del parque, como si no hubiese dicho nada, repitiendo este pensamiento de William Shakespeare: En nuestros locos intentos, renunciamos a lo que somos por lo que esperamos ser. ¡Qué bueno es hacerse el loco o sinvergüenza; total, es lo mismo!. ¡Ajúa!. ¡Sí señor!.-
E-mail: rafelpiloto1@hotmail.com

