Son muy elocuentes, por positivas, las lecciones que pueden derivarse de la reciente jornada exigiéndole al gobierno que cumpla con la Ley que asigna un 4% del PIB al Ministerio de Educación. Podría afirmarse que esa acción sienta precedentes en varios aspectos. Jamás se había podido involucrar un número tan significativo y diverso de organizaciones empujando en una misma dirección. No recuerdo un nivel de organización y planificación tan esmerado como en esta ocasión. No sólo se planteó el problema y la demanda, sino que se expusieron los mecanismos disponibles para dar una respuesta positiva que, en este caso, no es otra cosa que cumplir con el mandato de la ley. En adición, se percibe que los organizadores tienen conciencia de que el asunto no ha concluido y que nuevas jornadas nos aguardan.
Sin embargo, cada cosa tiene su espacio y cada espacio sus protagonistas y objetivos muy bien delimitados. Como he sostenido, por ser parte del problema, la sociedad civil debe transformarse en parte de la solución. Esa actitud de complicidad por hacer o por dejar de hacer, debe ser abandonada si es que se pretende que sus quejas y lamentos tengan la autoridad moral suficiente para expresarse.
Más allá del valor incalculable de episodios con las características de todos a los que hemos comparecido en tiempos recientes, es hora de comprender que el inicio de la solución definitiva de las problemáticas nacionales, necesariamente pasa por acciones de tipo política, planteadas a partir de la decisión de asumir la conducción del Estado para producir la transformación de un sistema político que, como el que nos rige, está definitivamente agotado.
No es un simple tratamiento puntual, ni menor la cirugía que demanda el cuerpo social dominicano. Aquí y ahora, estamos ante un paciente que requiere una intervención mayor, capaz de extirparle llagas purulentas, cuya septicemia se ha hecho resistente a los mejores antibióticos. Como es previsible, de no efectuarse con la urgencia debida la operación prescrita, la muerte del paciente resultará inevitable.
El mayor beneficio que se derivaría de las exitosas actividades comentadas, sería que conduzcan a la conclusión de que es preciso trascender a la acción política y trazarse como meta desalojar del poder a quienes, al haber persistido con prácticas contradictorias de retóricas, son responsables del drama nacional, por lo que, con ellos, jamás se extinguirán las razones para vestir la nación, cada día, de un color diferente.

