Página Dos

Haití

Haití

POR:  Chiqui Vicioso

luisavicioso21@gmail.com

 

Es un secreto mal guardado que en su primera visita a Alemania un funcionario diplomático nacional se emocionó y gritó varias veces ¡Heil Hitler! El juidero que se armó a posteriori no provocó la cancelación de ese individuo, como tampoco la provocó el que una revista de nuestra Cancillería se hiciera eco de la teoría de los espacios vitales, utilizada por los Nazis para el exterminio de los judíos.

Antes de implementar esa teoría, el gobierno nazi había despojado a los judíos de su nacionalidad alemana, por razones obvias, único antecedente que conocemos de la resolución del Tribunal Constitucional, que deja sin nacionalidad a doscientos cincuenta mil dominican@s de origen haitiano.
Ahora que tratamos de defender lo indefendible en Washington DC, permítasenos aclarar una vez más que nadie cuestiona el derecho del Estado Dominicano a legislar sobre la inmigración a nuestro territorio.

Lo que estamos planteando,(nosotros ”traidores a la patria”, entre miles de otros epítetos, hoy amenazados de muerte por aquellos que emulando a los nazis quemaron los libros de Vargas Llosa, acción “heroica “de un enfermo de notoriedad, que dio la vuelta al mundo desacreditándonos), es que cuando se cambia la Constitución de un país por las razones que sean, quienes estuvieron amparados por esa Constitución anterior no pueden ser sujetos de acciones retroactivas.
Si lo que hubiera planteado la Resolución se hubiera implementado a partir del 2010, hubiese contribuido a un ordenamiento de nuestra legislación y del tráfico humano que tanto ha beneficiado a los poderes económicos detrás de la agricultura y la construcción en este país, en desmedro de nuestra clase obrera.

Que muchos de los que antes se dedicaron a la importación de braceros, incluyendo algunos jueces del Tribunal, hoy sean apóstoles de una Resolución que viola todas las Convenciones Internacionales que hemos firmado, respetando los derechos humanos de hombres, mujeres, niños y niñas; incluyendo algunos representantes del clero que no entienden lo que es amar al prójimo, aunque sean marxistas, socialistas, populistas, tígueres barriales y negros, es insólito.

Mas insólito aún es que el presidente Medina, no emule al presidente Guzmán cuando se puso los pantalones frente a tres militares que tenían secuestrada la institucionalidad y aterrorizada la población. ¡Yo soy el presidente carajo!, ¡Saluden! Y los mandó fuera del país.

Mantener esta posición, lógica y clara, nos ha costado todo tipo de amenazas e improperios, pero ya estamos acostumbrados. Solo hay que leer el Decreto mediante el cual se deportaba a la más noble de las damas del país: Doña Manuela Diez y su familia , por “traición a la patria”.
La historia parece repetirse. Está del presidente Medina poner orden y no dejarse secuestrar por la altisonancia.

El Nacional

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