El pasado jueves estuve en Puerto Príncipe, palpando de primera mano lo que ha sido el drama de Haití, después del terremoto que lo sacudió desde sus mismas entrañas, y cuyo impacto fue también sentido en este lado de la isla. Este domingo, a las 9 de la mañana, en Líderes, por Color Visión (Canal 9), pasaré nuestro recorrido.
Haití esta destruido. Los tres poderes del Estado, el Ejecutivo, Legislativo y Judicial quedaron sensiblemente afectados. En el caso del Poder Judicial, su Palacio de Justicia, hoy día, no existe, y el Palacio Presidencial haitiano está destruido. Si antes del terremoto, Haití era un estado fallido, hoy, sencillamente, no hay la estructura gubernamental necesaria para cumplir con sus responsabilidades.
Ví agonía, desesperación e incertidumbre en la población, que mayoritariamente, al no tener donde vivir como consecuencia de la catástrofe, ha ocupado las areas y parques municipales y deportivos. La condición infrahumana de estas zonas, cada día se agrava, pues también vi los cádaveres amontonados en las calles, unos abandonados y otros con sus familiares rodeándoles. Sin agua potable, sin alimentación, sin medicamentos, la situación se puede agravar con el surgimiento de epidemias, y lo más delicado, que se agrave la situación de inseguridad.
Por último, y no menos importante, la sede de la Embajada dominicana en Puerto Príncipe es inhabitable. Urge que el Gobierno dominicano priorice la demolición y reconstrucción de una nueva sede. Desde aquí, felicito y encomiendo la labor de los funcionarios de esta Embajada que, casi a manos peladas, atendieron y socorrieron a los dominicanos residentes en Haití.
El drama que vive Haití no es exclusivo de sus habitantes. Nos pertenece también a los dominicanos y a toda la comunidad internacional. Haití necesita urgente de la solidaridad dominicana, siempre efectiva.

