En nuestra columna anterior del 1ro. de julio, tratamos el tema de una publicación aparecida el 27 de junio, del año en curso, en el periódico español “El País”, editado en Madrid, bajo el título “Cicatrices de una frontera sangrienta”, en el que aparecen los nombres de Tatiana Fernández Geara y David Marcial Pérez, a quienes el autor de esta columna desconoce y no sabe si son dominicanos, españoles, o haitianos nacidos en territorio dominicano. Sin ninguna sorpresa hablamos de las mentiras y disparates en el orden histórico que recogen en ese artículo, particularmente, de una supuesta reseña de la matanza de haitianos que se efectuó en 1937, con residentes de esa nacionalidad en poblaciones y zonas rurales de la Línea Noroeste, que fueron Monte Cristi, Valverde, Dajabón y Santiago Rodríguez, así como en algunos conucos y pequeñas parcelas, en diferentes comunidades de Puerto Plata y Santiago.
La matanza de los haitianos o “El Corte”, no fue una improvisación o medida tomada por órdenes personales de Rafael Trujillo Molina, supuestamente bajo los efectos del alcohol, mientras participaba en un agasajo en la ciudad de Monte Cristi en la casa de Isabel Mayer. Esa medida, como hemos relatado en otras oportunidades, fue ejecutada bajo las bases de un criterio y ordenamiento selectivo, y es conocido que la inhumana disposición no fue aplicada en los ingenios azucareros propiedad de capital estadounidense. En Barahona, el oficial comandante del Ejército, capitán Luis Félix Silva, tío abuelo del autor de esta columna, en una acción que es parte de la leyenda de esa provincia, apresó cientos de haitianos, y los expulsó del territorio nacional bajo su dirección y mando hacia la frontera, en camiones de propiedad privada.
Testimonios de autoridades militares y civiles involucradas de una u otra manera en la operación de “El Corte”, en conversaciones sostenidas con el autor de esta columna afirmaban que el número de víctimas no era superior a las seis mil, aunque al final de su vida, el 11 de mayo de 1961, Rafael Trujillo Molina, bastante pasado de tragos en el parque de la ciudad de Puerto Plata, enfatizó que las víctimas, ascendían a 30 mil y el autor de esta columna que le acompañaba en ese momento le requirió que a su criterio, la cifra era muy elevada por encima de la cantidad que conocíamos; Trujillo, sin molestarse, respondió que: “No importa que sea mentira, hay que decir que son 30 mil para asustarlos”. El historiador Bernardo Vega en su recopilación de documentos relacionados con la “Era de Trujillo”, en el que corresponde bajo el título de “Trujillo y Haití”, afirma “un estimado entre cuatro mil y seis mil víctimas como el cálculo más correcto que figura en documentos para consumo interno de Washington, en septiembre de 1938”.
Informaciones de este tema, mucho más amplias en histórico, pedagógico lenguaje y señalamientos, están consignados en nuestro libro, ensayos históricos “Haití y República Dominicana, un origen y dos destinos”; pero hemos dado prioridad, en estos momentos al tema haitiano, porque queremos llamar la atención a nuestras compañeras y compañeros peledeístas, a todos, sin importar la jerarquía dentro del Partido, ni las posiciones ejecutivas en sus filas, profundamente preocupado por las diferencias políticas a todos los niveles, que están vigentes ahora, para que tengan presente siempre y no olviden, como dijimos en nuestra columna anterior, que se está ejecutando un plan auspiciado y financiado por los gobiernos de Estados Unidos de América, Canadá y Francia así como una “pandilla de organizaciones internacionales” encabezados por la ONU, OEA y la Comisión Internacional de los Derechos Humanos. Continuaremos

