Tras varios meses de protestas, las actividades habituales en Haití se encuentran paralizadas. La crisis que empezó solicitando se investigara los actos de corrupción en los Fondos de Petrocaribe, ahora, ha extendido sus demandas, pidiendo la renuncia del presidente, como condición para iniciar el dialogo. Las repercusiones de estos acontecimientos se extienden a este lado.
A diferencia nuestra, el Primer Ministro es el encargado de formar gobierno y nombrar los demás ministros. Este funcionario no es electo por el voto popular, sino escogido por el Senado de una terna que envía el Ejecutivo. Cuando este oficial tiene diferencia con el ejecutivo o el puesto está vacante en espera todo el gobierno se paraliza.
Aquí, nosotros reconocemos a lo sumo tres bloques de partidos; allí no… Los legisladores son electos en las comunidades, y responden a sus propios intereses. Cuando el gobierno quiere negociar (como en este caso), tiene que hacerlo con múltiples actores, que nunca se ponen de acuerdo. No han valido las recomendaciones de los gobiernos y organizaciones internacionales para que se establezca un dialogo sin condiciones previas.
Ni la oposición, ni las organizaciones de la sociedad civil se ponen de acuerdo sobre las acciones a seguir. El sector privado es satanizado y la policía insuficiente y mal equipada para garantizar el orden; razón por la cual, grupos armados aumentan cada vez más sus áreas de influencia. Desafortunadamente, solo los manifestantes en las calles hablan una misma lengua.
Las condiciones de vida, de circulación y de seguridad son tales que ni siquiera la prensa puede circular y hacer su trabajo. En Haití, hay una crisis política, económica y social y ahora una crisis humanitaria. En todas las áreas se multiplican la violación a los derechos humanos y lamentablemente, todavía no se ve la luz al final del túnel.
Esta catástrofe debe ser resuelta solo por los haitianos, quienes están llamados a reflexionar y entender que no pueden seguir haciendo lo mismo. Todavía hay tiempo, pero este no es infinito. Para comenzar urge tomar un camino sereno y un proyecto de gobernanza que sea compartido por todos.

