Con las elecciones presidenciales y congresuales en las que resultó electo Presidente Luis Rodolfo Abinader Corona, el país se quitó de encima el fardo de casi 20 años de gobierno del Partido de la Liberación Dominicana, una organización que popularizó el lema “Servir al partido para servir al pueblo”, y sin embargo sus dirigentes más connotados practicaron lo contrario, al servirse del Estado con la cuchara grande.
El pueblo llano y sobre todo el que más “moviliza el intelecto”, los profesionales, intelectuales de todas las capas y clases sociales, les desvelaron la semiótica de las palabras, las imágenes y toda esas simbologías simuladas de un discurso del poder “todo terreno” a que nos tenía acostumbrado el PLD, partido, cuya cúpula acumuló millones de pesos y de dólares por lo cual tendrá que dar cuentas en su debido momento y explicar los detalles del manejo del erario que administró con fanfarronería, francachelas y a sus anchas.
Luego de que la soberana mayoría depositara en las urnas su confianza por la propuesta de gobierno al candidato del PRM y partidos y organizaciones aliadas, volvió a renacer un halo de esperanza que, estamos seguro, será refrendado por un Presidente que le tocará cambiar el modelo excluyente, abusador y corrupto por uno integral, desarrollista, transparente y participativo, interpretando de esa manera los signos de la llamada época de los cambios disruptivos y de una juventud que nació con un celular o una tablet, que manipulan desde que salen del vientre de su madre.
Por su edad y porque se formó en un ambiente familiar político y tecnológico, además de ser partícipe junto a sus padres y sus hermanos, en impulsar la educación tecnológica en esta nación caribeña, al licenciado Abinader Corona le resulta fácil gobernar con una visión moderna y de llevarle al pueblo justicia social, prosperidad económica, estabilidad real y muchas mejorías sectoriales.
No obstante la crisis económica y la pandemia de la Covid-19, en el país también existe una crisis de credibilidad, porque las “autoridades” actuales han actuado de manera irresponsable frente a los diversos problemas de fondo y estructurales y a los escenarios políticos, económicos y sociales, al aplicar políticas cosméticas, excluyentes y politiqueras, por lo que el joven y preparado economista y arrojado político, y su equipo de gobierno, que se instalará a partir del 16 de agosto, tendrán que lidiar con resiliencias para superar los males acumulados desde hace varias décadas.
Ahora el partido morado, que muy orgullosamente enarboló en una rueda de prensa que es la “principal fuerza de oposición”, dejó aflorar su naturaleza arrogante y prepotente, al sostener, con rostros cabizbajos y miradas pérdidas, que se preparan para enfrentar nuevas batallas y nuevos retos.
Por. Julian Sosa
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