Se suponía que su disponibilidad provocaría una avalancha de equipos en pos de sus servicios.
Sin embargo, no llegan a diez (un 33 por ciento de todas las franquicias) las que han mostrado interés en los dos peloteros.
Ofertas ha habido, pero la demora de ambos para tomar una decisión ha obrado en su contra, pues varios de los interesados inicialmente, ante la duda, han ido llenando sus huecos con otras piezas menos costosas.
Así, los Yankees de New York descartaron finalmente a Machado, con las firmas del campocorto Troy Tulowitzki, a precio de pulguero, y del segunda base D.J. LeMahieu.
Fue una decisión sabia. Si bien cualquier equipo que firme a Machado va a ser automáticamente mejor de lo que es actualmente, los Yankees en realidad no lo necesitan.
Sería meterse en un pantanal de dinero, cuando ya tienen comprometidos más de 250 millones en Giancarlo Stanton y aún no han podido deshacerse de Jacoby Ellsbury, a quien le deben poco más de 42 millones.
Harper debería aceptar de una buena vez la oferta de su antiguo equipo, los Nacionales de Washington, y Machado los alrededor de 240 millones que le están brindando los Medias Blancas de Chicago por ocho campañas.

