Opinión

Hartoniel

Hartoniel

El Director del Departamento de Prevención de la Corrupción Administrativa ha caído, con sus absurdas declaraciones y su peculiar forma de ejercer sus funciones,  en una posición que da lástima. Sus continuos y desafortunados desatinos autorizan a preguntarnos: ¿Qué hace este señor aferrado a un puesto del que se ha encargado de resaltar su inutilidad?

 Si él está convencido de todo lo que ha dicho, al menos, y para actuar con un mínimo de coherencia, ha debido marcharse para su casa. ¿Acaso el Dr. Hotoniel Bonilla ha llegado a las conclusiones que ha expresado a partir de su experiencia en el ejercicio de sus funciones? De ser así, ¿dónde ha pasado su vida que no se había enterado de que nuestro histórico problema para combatir la corrupción, tanto pública como privada, ha sido la ausencia de voluntad política para actuar con sentido de aplicación generalizada de la ley?

 Quien acepta un cargo de la naturaleza del que él desempeña, está en la obligación de saber que va a lidiar con esa realidad que convierte al mismo en una inútil pieza decorativa que ni para eso sirve, o estar, por el contrario, dispuesto a asumir su rol y convertirse en una piedrecita en el zapato de quienes propician que no se haga nada y, lo más importante, estar dotado del coraje requerido para afrontar las consecuencias que una actitud de tal dignidad va a implicar con toda certeza y, en esa dirección, está el ejemplo de Guillermo Moreno cuando estuvo al frente de la fiscalía del Distrito Nacional y pagó, con entereza, el precio del deber.

  El señor Bonilla no es “ni chicha ni limonada”, ni hace lo que le corresponde, ni tiene el valor de señalar las auténticas razones de la inutilidad de su cargo.

Ha señalado que el sistema penal dominicano está estructurado para sólo condenar a los pobres y pretende, a partir de una media verdad, escudarse para no decir la verdad completa. Esa es una afirmación que el director del DPCA debiera avalar con la lista contentiva de los expedientes que ha debido instrumentar y que no ha hecho, en una actitud que lo descalifica de de manera irremisible.

Si su motivación para no hacerlo es su convencimiento de que no serviría para nada, entonces, señor Hotoniel Bonilla, tenga la dignidad de retirarse, porque este país está harto de funcionarios que asuman conductas tan irresponsables como la suya.

El Nacional

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