Hace pocos días, Andy Dauhajre publicó en El Caribe un estudio enjundioso sobre el impacto de la corrupción; desestimando por exagerado el 12.8% sobre el PIB que Leonel Fernández estimó en 1996 cuando aspiraba a la Presidencia, el economista expresó que funcionarios del actual gobierno se apropian del 5%, equivalente a 80 mil millones de pesos anuales.
Con esos recursos, y tomando como válidos los precios generalmente sobrevaluados que el Estado reconoce para contratar obras, bienes y servicios, Andy afirma que se pudieran construir cada año 208 mil viviendas, o 40 mil aulas o 1,500 kilómetros de carretera. En la página siguiente, y bajo el título ¿Son todos corruptos?, el periodista Osvaldo Santana publicó otro interesantísimo trabajo en el que sostuvo que la imagen del sector público está muy deteriorada ante la población que… está cada vez más persuadida de que es gobernada por una camada que pretende enriquecerse sin ninguna consideración.
¿Es la corrupción una fábula de la oposición como aseguró el jefe de Estado en Nueva York? No ha sido el PRD que ha denunciado la descomposición, sino Transparencia Internacional, que nos colocó a 3 tantos del puntaje más alto del índice de corrupción; el Banco Mundial, que considera que carecemos de controles para prevenir la corrupción; el Foro Económico Mundial, que afirma que los funcionarios de esta gestión favorecen el nepotismo más que otros 131 países; la Asociación Presupuestaria Internacional, que nos ubica en el penúltimo lugar entre los países latinoamericanos que peores explicaciones ofrecen sobre el destino de los recursos públicos; y la Conferencia del Episcopado, que se quejó del alto nivel de corrupción que se percibe.
De manera que puede ser que esta administración esté integrada por angelitos, pero organismos internacionales y el 80% de la población, según la encuesta Gallup-Hoy, no se tragan esa píldora.

