El presidente Leonel Fernández, pretende engañar al 91 por ciento de la población dominicana, que aprueba el 4% para educación, ofertando una partida a ese sector del excedente presupuestado en la recaudación del año 2011. Se trata de una propuesta basada en algo incierto, si partimos del hecho de que en el presente año hubo déficit fiscal, por la caída de las recaudaciones, entre otros factores.
Si el presidente tuviera la voluntad de cumplir con un aspecto constitucional, como es el porcentaje inherente a educación, tomara los correctivos de lugar respecto a la hipertrofiada nómina pública, la corrupción administrativa y sobrevaluación de obras, empezando por los megaproyectos carentes de transparencia.
No se justifica, de igual forma, que el Despacho de la Primera Dama tenga un presupuesto superior al de varios ministerios juntos, los cuales fueron creados mediante ley y tienen atribuciones importantes para la sociedad dominicana.
Es verdad que el Despacho de la Primera Dama reparte canastillas, entre otras cosas materiales, pero se trata de una afrenta que ofende la dignidad de la gente y sirve como mecanismo político clientelar para alimentar el liderazgo de la esposa del jefe de Estado, la cual aparece en las encuestas de opinión con porcentajes significativos.
Hay que apoyar las protestas pacificas para llevar al presidente de la República al cumplimiento del 4% para el sector educativo. Y rechazo posturas conservadoras de aquellos que abogan por un aumento gradual a educación, pues se trata de un aspecto constitucional con el que no se debe tolerar demora.
Si se eliminan las botellas y la multiplicidad de nóminas, se detiene la corrupción administrativa y la construcción de obras que la población no demanda, habría dinero de sobra para educación y otros servicios públicos prioritarios, como es el de la energía eléctrica.

