Opinión

Herencia de mesianismo y servilismo

Herencia de mesianismo y servilismo

Si las vallas en que se promueve la candidatura presidencial de Margarita Cedeño son resultado de la “espontaneidad y la creatividad del pueblo”, la que presenta a Leonel Fernández como “el destino”, ha de tener el mismo origen.

Hace cuatro décadas, Joaquín Balaguer proclamó que actuaba como un instrumento en manos del destino, presentando como necesaria su reelección. Hoy, Leonel Fernández hace lo mismo.

Como Joaquín Balaguer, manipula las instituciones que soportan este podrido sistema, y conduce a sus más cercanos colaboradores en una campaña que atribuye al pueblo; pero, con la manoseada excusa de que es preciso preservar el clima de inversiones, se niega a escuchar el clamor popular en torno al contrato con la contaminante y depredadora  minera Barrick Gold.

En los tristemente recordados Doce Años, Balaguer se refirió en más de una ocasión a la Gulf And Western, a la Falconbridge y a otras transnacionales abusadoras como fuentes de capital a preservar. Era parte del encargo que le hizo el poder estadounidense al llevarlo al Palacio el 1 de julio de 1966.

Hoy, Leonel  habla de la Barrick Gold sin referirse a las intoxicaciones, a la contaminación y a la violación de los derechos de los trabajadores, porque ha decidido  cumplir su compromiso con el multimillonario venezolano Gustavo Cisneros y con la familia Bush.

Del mismo modo, gratifica  a sus colaboradores sin reparar en la corrupción y en los abusos. Por eso, dijo que sólo él puede remover  a Héctor Rodríguez Pimentel, quien  hereda prácticas del balaguerismo rancio. ¡Hasta aporta fuerzas de choque para enfrentar al pueblo en las protestas!

Leonel Fernández habla del pueblo, pero actúa en contra del pueblo; habla de soberanía, pero es entreguista y servil. El viernes, convocó a los periodistas (seleccionados, como siempre hace) para hablar de reelección y  disfrazar de firmeza la abyección.

 Rafael Núñez  fue moderador, y Leonel reafirmó su adhesión al autoritarismo. Se monta en la debilidad institucional para presentarse como ungido.  ¡Su desfachatez también tiene sello balaguerista!

El Nacional

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