Opinión

Hipocresía en Ia Iglesia

Hipocresía en Ia Iglesia

Hay razones justificables para que la Iglesia católica les prohíba a sus miembros cualquier actividad que riña con la moral, para que sean verdaderos ejemplos en las comunidades en las que llevan el cristianismo.

A lo que nunca se le encontraría explicación es a la imposición del celibato, como si la abstinencia del sexo fuera un principio moral. La actividad sexual es una necesidad fisiológica, por lo que no pocos abogan, tanto dentro como fuera de la iglesia, para que se les permita a los sacerdotes y a las monjas (y a otros miembros) la formación de familia, que si es un principio cristiano.

El celibato es una distorsión que raya en lo irracional. Y es el principal motivo de los grandes escándalos de violaciones sexuales que se registran, en el ámbito mundial, en la iglesia católica. Esos escándalos no acabarán hasta tanto no se levante un impedimento tan hipócrita.

Si se tratara de consumo de tabaco, alcohol u otras drogas, todos otorgamos razón a esa entidad eclesiástica, por ser sustancias innecesarias, que alteran la conducta de la persona y terminan dañando su salud. Son los propios urólogos que recomiendan la relación sexual para evitar congestionamiento de la próstata. No es un juego, es un aspecto científico.

Los hombres que duran largos períodos sin practicar sexo son potenciales candidatos al cáncer de próstata. De manera que los sacerdotes que cumplen “al pie de la letra” con el celibato enferman de su órgano reproductor. (Se colige que sacerdotes que no se enferman es porque se masturban o tienen relaciones sexuales regulares).

Podría explicarse que la iglesia prohíba la infidelidad a sus miembros, por atentar contra la unión familiar. Habría inclusive un argumento cristiano. Sin embargo, comprobado está, la abstinencia sexual inducida estimula la degeneración y la inmoralidad dentro de la iglesia católica.

Esa política hipócrita es causante de falta de crédito de la iglesia. Muchos deciden no acudir a misas porque no están seguros de que la persona que la imparte es un maniático sexual, un demonio, un violador de niños, niñas y adolescentes. Son tantos los párrocos que han defraudado a los feligreses, por involucrarse en escándalo sexual.

El Nacional

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