Proclamado candidato presidencial del PRD, Hipólito Mejía confirmó a Luis Abinader como su compañero de boleta para el año 2012. La selección fue hecha desde antes de la XXIX Convención, en la que fue electo abrumadora e indiscutiblemente.
Los forcejeos posconvencionales, superados cuatro semanas después, delataron presiones que iban más allá de las reclamaciones presentadas, conocidos los resultados.
La candidatura vicepresidencial era una de esas cartas en juego, mantenida bajo la manga para cuidar las apariencias. Nadie puede negar que hubo momentos en que ese punto se hizo casi evidente.
Pero el candidato presidencial electo mantuvo (y mantiene aún) este punto fuera de agenda, dando una muestra palpable de coherencia y seriedad, virtudes que siempre han adornado su carácter personal, calidad humana y condiciones de dirigente político. Se comporta como debe ser un hombre de Estado.
No sería exagerador señalar, además, que al asumir la entonces naciente fuerza de Abinader, el proyecto de Hipólito se afianzó con cinco o seis puntos más.
La diferencia de edad entre ambos candidatos define, en cierto modo, diferentes segmentos de votantes para uno y otro. El candidato a la vicepresidencia puede identificarse y atraer, por su juventud, a nuevos y jóvenes electores.
Las más reciente encuesta de Penn, Schoen & Berland da al binomio Hipólito-Luis Abinader un 53% si las votaciones fueran hoy. Y destaca que, tanto los jóvenes como las mujeres, aportarían al PRD y sus aliados la mayor proporción de votos.
De manera que la posibilidad de otro nombre al lado Hipólito estaría fuera de toda lógica política. El más elemental sentido de competición nos indica que nadie modifica una fórmula con buenos resultados, proyectados en igual sentido.
