Opinión

Hispanos y haitianos

<P>Hispanos y haitianos</P>

En las elecciones que ganó el presidente Barack Obama el voto hispano fue crucial. De los alrededor de 23.6 millones con derecho al sufragio, se estima que un 75 por ciento lo hizo por el gobernante demócrata. Convertido en un grupo decisivo, tanto Obama como el republicano Mitt Romney emplearon todos sus recursos para atraerlo a su redil. Si bien Estados Unidos reconoce y se enorgullece de su condición de  crisol étnico, es precisamente la integración social o, mejor aún, su unidad de la diversidad lo que la ha convertido en un país próspero y desarrollado.

Mientras en el proceso electoral norteamericano se destaca el aporte latino, por estos predios se somete al Estado por supuesta violación de los derechos de dominicanos de ascendencia haitiana. Aunque es sabido  que las constituciones de ambos países difieren sobre la nacionalidad de hijos de extranjeros nacidos en su territorio se pueden citar cientos de evidencias que dan cuenta de discriminación. Si los haitianos con derecho a voto o descendientes nacidos aquí tuvieran la presencia de los latinos en Estados Unidos ni siquiera me pasa por la cabeza lo qué ocurriría. Porque sin ser determinantes se les escamotean documentos ¿que no sería si fueran una fuerza electoral decisiva?

El artículo 18 de la Constitución es muy específico en torno a la nacionalidad. Pero para negársela a descendientes de haitianos se ha apelado a todos los subterfugios habidos y por haber. Sin hablar de que influyentes sectores de poder antes que tomar en cuenta el aporte de los haitianos a la economía, se han ocupado más bien de estigmatizarlos. A tal punto que para que se les reconozcan sus derechos domínico-haitianos han tenido que recurrir a organismos como la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos.

Sin embargo, en Estados Unidos se reconoce el aporte de inmigrantes que, como algunos que postularon a puestos congresuales, llegaron en forma ilegal. Son personas que se han integrado a la vida económica y social y que el sistema, en lugar de rechazarlas, las ha asimilado. Y es posible que el índice delictivo de la comunidad latina en Estados Unidos sea más elevado que el de los haitianos en República Dominicana.

Los haitianos emigran a este país, no porque realmente quieren, sino por la necesidad de  trabajar, sin importar las condiciones, para ganarse la vida.  Sus necesidades son más perentorias que la de una gran cantidad de dominicanos que se juega la vida en el canal de la Mona para alcanzar las costas de Puerto Rico.

Las elecciones de Estados Unidos, en las que la comunidad hispana se dejó sentir, son un espejo para mirar con más justicia a los haitianos y domínico-haitianos.

El Nacional

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