Editorial

Historia de una chapucería

Historia de una chapucería

Un  inexplicable misterio rodea el incumplimiento de pago por parte de 31 empresas de zonas francas, de créditos avalados por el Estado mediante una ley de 2007, por  mil  200 millones de pesos, que el Gobierno ha tenido que pagar casi en su totalidad a la banca comercial.

El Gobierno ha  erogado más de 500 millones de pesos  en amortización de capital e interés de esa deuda, contraída por 32  instalaciones  industriales, de las cuales sólo una ha cumplido el compromiso contraído.

A causa de la crisis que  afectó las zonas francas en 2007, por  el final del Acuerdo Mundial Multifibras y la apertura del mercado de Estados Unidos a las exportaciones procedentes  de Asia, el presidente Leonel Fernández creó mediante decreto 201-07 una Comisión oficial de apoyo a ese sector, presidida por  el secretario administrativo de la Presidencia.

Al mes siguiente, el Congreso aprobó la ley 174-07 que autorizaba a la Secretaría de Hacienda “a suscribir un aval financiero con la única finalidad de garantizar los préstamos que otorgarían los bancos comerciales a las empresas de zonas francas de los sectores textiles, confección, pieles y calzados, por un monto de  hasta mil doscientos millones de pesos”.

Lo que comenzó como un loable esfuerzo del Estado para asistir  a un sector industrial en apuros financieros, ha degenerado en un descomunal acto de irresponsabilidad, porque el Estado ha tenido que cargar con una deuda de más de mil millones de pesos, sobre la cual  31 de las 32  empresas beneficiadas no han pagado ni un solo centavo.

La entonces Secretaría de Hacienda  cumplió con una ley  que le ordenaba “suscribir un aval financiero”, a favor de esos negocios, cuyos propietarios al parecer nunca tuvieron la más mínima intención de cumplir con sus compromisos.

Los bancos acreedores exigieron  al Gobierno la apertura  de cartas de crédito, que fueron activadas  al vencerse el plazo de pago. En adicción a eso, si las  autoridades  rechazaban honrar ese compromiso tendrían que confrontar al Fondo Monetario, se reduciría la calificación  de riesgo país y también impediría posterior colocación de bonos internos y externos.

Ante  el incumplimiento de pago a la banca comercial,  el aval que otorgó el Gobierno  se ejecutó de manera automática y se convirtió en deuda pública, por lo que  al Ministerio de Hacienda le asiste derecho y obligación de reclamar en justicia la devolución  de ese dinero que es dinero de los contribuyentes.

Ante tan vergonzoso episodio, el  sector  productivo está obligado a reflexionar sobre la pertinencia de  rediseñar un tipo de relación  con el Estado y el Gobierno transparente, libre de irritantes privilegios o de chapucerías como la que aquí se denuncia y se censura.

El Nacional

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