Después de un año de grandes desafíos, pero en el fondo premiada por Dios la parte de la isla de Santo Domingo que ocupamos, ya que la parte de Haití, fue afectada por desastres y enfermedades que han dejado miles de muertos.
Aquí llegó el cólera, pero ha sido controlado con éxito, no habiendo registrado muertos, a Dios gracias.
Ahora, no podemos negar el grave crecimiento del riesgo de nuestros jóvenes relevos con las drogas, causa directa de la violencia que nos ha arropado, y dicha inseguridad la hemos podido enfrentar con supremos esfuerzos de nuestras autoridades y juntas de vecinos. Hay desbordes de quejas justas por necesidades insatisfechas, por mas recursos para educación, y atenciones para salud y obras indispensables, inclusive prometidas.
Otras razones motivan zozobras como la reelección presidencial en pie. El suscrito, nunca ha visto la reelección como una amenaza. Casi todo el que ha llegado a ser presidente en nuestro país, han querido mantenerse en la silla de alfileres, pero cuando el país se ha dispuesto, dicha reelección ha sido derrotada. Además la reelección no es negativa cuando se actúa reteniendo lo mejor, pero con oportunidades para todos, con justicia y honestidad, y con elecciones trasparentes, en proceso democrático.
Hasta hoy vamos bien. Soplan vientos de aumento en los alimentos, el combustible y la electricidad; pero veo manejable la situación, aunque con riesgo, cuando el PLD y aliados nos propongamos cambiar las estrategias como lo hacia el maestro Balaguer, quien rotaba funcionarios, pues hasta la belleza cansa.
Lo principal lo dejé para el final, que es ponderar las razones que intervinieron para declarar al doctor Rafael Molina Morillo como el periodista del año. Él ha sido uno de mis maestros queridos. Me llevó a El Nacional hace más de 30 años, y me mantengo firme y leal y hasta honrado con notables comunicadores que integran la estructura del diario. Esa distinción la han recibido, entre otros, el fenecido don Cuchito Álvarez, don Francisco Comarazamy y nuestro actual director Radhamés Gómez Pepín. Finalmente, hablar de Molina Morillo es hablar de condición humana, méritos, personalidad sobresaliente, maestro y humanista; uno de nuestros valores que en vida merecen distinciones y utilizarse, cuando tanta falta hacen los buenos ejemplos, para trasparencia y decencia, concitar el respeto de los mejores hijos, y juntos enfrentar los desafíos que nos acorralan, consciente, reitero, que si queremos y de verdad nos proponemos, hay recursos en nuestro amado país para triunfar frente a dichos desafíos. Felicidades, maestro y amigo Rafael Molina Morillo, así como al superior gobierno por premiar, en vida, a uno de nuestros valores probados.

