Mientras en los países llamados del primer mundo -cada vez más igualados a los nuestros en algunas miserias- políticos y políticas, así como artistas, reconocen expresamente a las comunidades homosexuales, en el nuestro pasa al revés, cuando se expresan conservadoramente respecto a la comunidad gay dominicana.
Nos referimos a la candidata a la vicepresidencia por el PLD, cuando dice que la familia debe estar compuesta por un hombre y una mujer, y que efectivamente hombres y mujeres tienen la responsabilidad de criar, formar y educar a los hijos. Acordando con esta última parte sobre las responsabilidades conjuntas, extraña la primera aseveración, en una campaña en la que, el candidato y ella, promueven los más altos valores del respeto a la ciudadanía.
Tomando datos internacionales que dicen que un 10 a un 15% de la humanidad es homosexual, en nuestro país, de cien a ciento cincuenta mil personas dominicanas, contando conservadoramente, pertenecerían a este colectivo, una cifra significativa en tiempos electorales. No siempre es rentable y conveniente, repicar el discurso radical de las jerarquías religiosas, desinteresadas por atender las necesidades del pueblo entero, asentado en la doble moral del silencio y disimulo.
Es que los derechos humanos, deben ser iguales para todas las personas y no se pueden reconocer parcialmente o con diferencias en las características de un colectivo dado, eso genera una ciudadanía de primera, una de segunda y hasta tercera categoría. Todas las personas tenemos derecho a amar y ser amadas, independientemente de la opción o identidad sexual, de la misma manera que toda la ciudadanía paga impuestos, realiza trabajos productivos y es útil a la sociedad, y tiene derecho a ser respetada y tomada en cuenta en las decisiones que fortalezcan su calidad de vida. Nadie puede marginar a un grupo social minoritario desde el sentido común y la práctica democrática. (Las mujeres sabemos de eso porque por siglos hemos sido discriminadas y tratadas como ciudadanas de segunda).
Actualmente, 36 países cuatro de ellos en Latinoamérica- reconocen el matrimonio entre homosexuales, la mitad en todo su territorio, la otra mitad, con figuras legales que lo permiten, además, en siete estados de Estados Unidos. Mientras, las investigaciones internacionales dicen que los países con menor nivel de desarrollo económico de la región, son los que mantienen mayores niveles de homofobia en sus sociedades.
Las personas que se candidatean, debieran recordar que en el espectro de la democracia y a la luz de los derechos fundamentales, deben mantener un discurso inclusivo, porque toda la gente que vive en este país, tiene derechos adquiridos desde que nacen.
Las expresiones exclusivas se dejan para las descompuestas diatribas de algunos reconocidos prelados y ministros fundamentalistas y exclusivos.

