Opinión

Honduras y la OEA

Honduras y la OEA

Al final de mi artículo anterior, dije que el golpe de Estado en Honduras ponía a prueba a los organismos regionales y multilaterales vinculados a la preservación del sistema democrático y a la defensa de los derechos humanos.

Al momento de redactar esta entrega, la crisis en Honduras se mantiene, con la única diferencia de que, en Costa Rica, su Presidente, Oscar Arias, aceptado como mediador entre el destituido, ingeniero Manuel Zelaya, y el usurpador Roberto Micheletti, se dispone a reunirse con ambos.

El objetivo de la reunión es procurar alguna fórmula de advenimiento entre las partes.

A la vista, no se vislumbra la posibilidad de un entendimiento.

Esto es así, porque, tratándose de un golpe de Estado, que es una acción absolutamente ilegal y existiendo una norma tan categórica como lo es la Carta Democrática Interamericana, a nadie se le debe ocurrir proponer, plantear o sugerir un acuerdo o alguna salida a la crisis al margen de lo convenido por las naciones que conforman la Organización de Estados Americanos (OEA).

El eje central para solucionar la crisis de Honduras, es el retorno y la reasunción a la Presidencia de ese país de su presidente constitucional, que es el ingeniero Manuel Zelaya.

No puede ser propuesta  ninguna fórmula que contemple la exclusión o el marginamiento del presidente constitucional Manuel Zelaya, dado que él fue derrocado. 

Aunque la admisión del Presidente usurpador en calidad de contraparte le concede un espacio inmerecido, cualquier concesión que afecte las prerrogativas del presidente constitucional sentaría un precedente nefasto y muy peligroso para la democracia en el hemisferio.

El premio Nobel y presidente de Costa Rica, Oscar Arias, tiene que convertirse en un mago, para poder salir airoso de esta situación, una papa caliente, que le ha sido confiada.

Es una lástima, que la Organización de Estados Americanos, OEA, no disponga de un instrumento represivo para revertir las cosas en Honduras.

Aclaro que no me refiero a la Fuerza Interamericana de Paz (FIP), ordenada por Estados Unidos y legitimada por la OEA para justificar la invasión a nuestro país en 1965.

Hablo de un instrumento armado, puesto al servicio de todos los pueblos de América.

El Nacional

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