Me satisfizo mucho la intervención del presidente de Ecuador, Rafael Correa, cuando dijo que los medios de comunicación social de su país están controlados por seis familias. Y que esos medios suelen manipular y distorsionar los acontecimientos noticiosos.
Es la misma situación que se registra en la República Dominicana, donde banqueros y empresarios son los propietarios de los diarios, las emisoras y los canales televisivos. Y como las clases no se suicidan, en esos medios masivos, no se divulga nada que afecte los intereses de sus dueños.
El problema de la calidad de la información, en los últimos años, se ha agravado en el país, con la compra de medios escritos y electrónicos por parte de líderes del oficialista Partido de la Liberación Dominicana, donde la distorsión y la manipulación de los hechos están a la orden del día.
Y muchos de los comunicadores que laboran y colaboran en esos medios tienen origen humilde, pero han registrado un ascenso económico asombroso, provocando transformación ideológica en su pensamiento y se les observa defender causas que resultan indefendibles en término dialéctico.
El flujo de información y opinión que produce nuestra independiente prensa va dirigido a una población con muchas personas de baja o ninguna escolaridad, por lo que observamos a gente que ignora sus reales derechos e intereses. ¡Vaya opinión pública!
Ante el deterioro de la información hace algún tiempo decidí no leer secciones políticas y editoriales de ciertos diarios. Apenas chequeo su parte deportiva. Y el grueso de programas de comentarios, de radio y televisión, hace mucho que los tiré al zafacón. Es a través de las redes sociales que me entero de muchas cosas.
Tenemos que hacer un replanteamiento serio sobre temas como Prensa Independiente, Libertad de Prensa y Opinión Pública, porque al nombre de la defensa de esos conceptos se chantajea y se hace fortuna económica. Lo que ocurre en Ecuador, amigo Correa, no es más de lo que pasa aquí.

