Opinión

Impuestos al absurdo

Impuestos al absurdo

Orlando Gomez

(II)

Desde el 2003, en la República Dominicana el tema de la tasa de cambio ha sido muy sensible, teniendo altas connotaciones tanto en lo social como en lo político. Correcta o incorrectamente el manejo de la estabilidad en la tasa de cambio, que es responsabilidad del Banco Central, suele ser una medalla al mérito que nuestros gobernantes desean mostrar al momento de contar sus logros. Es por ello que resulta tan llamativo que tengamos una retención del 10% por el Impuesto Sobre la Renta (ISR) a los intereses pagados o acreditados en el exterior.

Esta retención tiene un impacto casi absoluto sobre la banca, que es en gran medida el sector que más accede a créditos en el exterior por necesidades básicas de su propio negocio. Y aunque la retención tiene sentido desde el aspecto tributario, pues se aplica sobre una renta que se está generando en el país, las distorsiones que introduce en el sector financiero y el sistema monetario no justifican los pocos beneficios tributarios que brinda.

Los bancos acceden al crédito internacional para fines de fondeo de sus operaciones en divisas y cubrir sus necesidades de liquidez, para extender crédito interno en moneda extranjera, para su capitalización, entre otras operaciones fundamentales para la estabilidad del sistema bancario y de la moneda. La retención del ISR sobre el pago de intereses en esos créditos agrega un costo significativo sobre todas esas operaciones, sirviendo como fuente de inestabilidad.

En la práctica, ningún acreedor institucional internacional acepta una retención sobre el dinero que espera recibir a cambio de un crédito que este haya extendido. Así que como condición de recibir el mismo, las entidades locales están obligadas a cubrir de sus propios fondos los montos a ser retenidos por ese concepto.

El efecto real del impuesto debido a esta práctica es el aumento artificial de los intereses que paga la banca local sobre sus créditos en el exterior a razón de un 10% o más sobre la tasa pactada originalmente con su acreedor.

Esto tiene un impacto directo en el costo del financiamiento en moneda extranjera lo que repercute en las tasas de interés internas a los usuarios, desincentiva a la banca local a dar uso a créditos flexibles desde el exterior o con partes vinculadas en el extranjero para mitigar sus costos, lo que a su vez afecta la liquidez en divisas, y reduce el apetito de buscar capitalización en moneda extranjera, todo lo que puede tener repercusiones sistémicas.

Esta peligrosa distorsión se mantiene a cambio de $1,780 millones de pesos de recaudación en el 2018, o 0.41% del total de lo recaudado en ese año. Y aunque ciertamente hay un caso para defender en que exista un control sobre el apalancamiento de la banca local en moneda extranjera, esto resulta mucho más manejable a través de la regulación bancaria que con distorsiones tributarias.

El Nacional

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