Como dominicano, uno no debería sentirse contento de tener lo peor. Pretender tomarnos el pelo insistiendo en lo mal hecho, es inaceptable. Los frecuentes viajes de Leonel Fernández, que, además de inútiles y costosos, apartan al jefe del Estado de una realidad que debe enfrentar. Hacen estragos el costo de la vida, la inseguridad, el cólera, el narcotráfico, la corrupción administrativa, los apagones , y el Presidente afanado en una imagen internacional, corriendo como conferencista y componedor de temas fuera de su alcance.
Las justificaciones presentadas por la oficina de información de Palacio, son inaceptables. Destaca como logros un programa de becas de grado y postgrado que ha existido toda la vida.
Descartado tal argumento, hay que decir que la calificación de la CID-Gallup se presenta a partir de estudios de opinión en cada país. El corazón de la auyama sólo lo conoce el cuchillo.
Para quien viva en este país, la puntuación de menos 33 al presidente Leonel Fernández no sorprende. Lo que sí asombra es que Lobo, de Honduras, el segundo peor calificado, tenga apenas menos un punto. Sucede que, mientras aquí la institucionalidad retrocede, en el resto de la región hay notables avances. Sus presidentes observan más respeto por la ciudadanía, sobre todo en el manejo de los fondos públicos.
A nadie se le ocurre pensar en Nicaragua que Daniel Ortega está por encima de las necesidades del pueblo. Pero para Fernández la compra del Partido Reformista y los problemas de un par de allegados suyos son más importantes que una escuela sin pupitres, las inundaciones del Lago Enriquillo, el cólera y otros problemas.
Reparte como rey mago los dólares que el Estado toma prestados. Abundan los agregados, cónsules y vicecónsules con sueldos entre siete mil y treinta mil dólares.
El derroche explica tan mala calificación.
Esperar que su esposa opine como la mayoría de los dominicanos seria una tontería, como lo es destacar las frases emitidas por ella acerca de las malas notas sacadas por el Presidente en su mandato.
