Estuvo de cumpleaños, en sus 44 de circulación, el fin de semana último, y me honro en sentirme hijo legítimo de este gran periódico, EL Nacional. Llevo más de 40 años sirviéndole en la columna con temas distintos los jueves. Solamente una vez falté al compromiso, por someterme a una operación de hernia inguinal hace unos 20 años. Felicitaciones especiales al notable equipo de comunicadores encabezado por el veterano director Radhamés Gómez Pepín y su dinámico propietario y notable amigo Pepín Corripio.
Decía Anatole France que la vida es una lucha de fuerzas en la que nunca se sabe cuál es la más fuerte, porque a veces parece la razón, otra la ciencia y otra la ignorancia. ¿Cómo es posible que seguimos viendo en la comunidad mundial y nuestro bello y cristiano país no puede ser la excepción, incongruencias que traumatizan? Delitos y crímenes como los acabamos de ver en la prensa, repletos de veneno, como la decapitación de dos hombres en el Sur, aterran. Es como si el Demonio anduviera suelto. ¿Y nuestras Iglesias, donde andan?
A propósito de incongruencias, ¿cómo calificar la actitud de aquellos países hermanos que contrajeron compromiso de ayuda para el vecino país de Haití, víctima de un terremoto y todavía a casi un año se encuentran amontonados los destrozos con restos humanos incrustados? A lo mejor la comunidad internacional se ha encontrado mal que nuestro país haya sido el primer pueblo que apareció sin aviso previo a través de nuestro presidente Fernández Reyna en ayuda y socorro. A lo mejor esta humana ocurrencia se ha considerado mal, especialmente la que no ha podido o no ha querido cumplir todavía la promesa de ayuda que hicieran al país destruido.
Será una nueva incongruencia que no se justifica en estos tiempos, donde debe ser todo lo contrario. ¿Por qué no nos proponemos dicha comunidad internacional cumplir con esta promesa a favor de Haití? ¿O esperamos que cuando lleguen los sombreros ya no haya cabezas? Recordamos que anteriormente a los compromisos de esta naturaleza se les daba un seguimiento más eficiente, o le dábamos mas importancia a la histórica carta de la ONU y de la OEA representando a nuestros países, algunos de nosotros repletos de ilusiones y esperanzas con estos organismos que se crearon para trabajar por la paz y la ayuda recíproca.
Esta incongruencia se justifica menos que todo por la época de la modernización que transitamos, donde el celular, que sólo se usaba antes en asuntos militares, hoy se ha extendido, más pequeño y moderno como la misma computadora Laptop, cual maleta reducida, y ni hablar del celular inteligente fusionado con dicha computadora como el Iphone y Blackberry.

