La Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) ha negado que incurriera en un error al incluir a República Dominicana, junto a Cuba y Venezuela, en una lista negra de países violadores de derechos fundamentales que requieren atención especial de esa entidad.
Ese esperpento de la Organización de Estados Americanos (OEA) rechazó el criterio del propio secretario general, Luis Almagro, de que ese informe fue elaborado en base a informaciones que no se corresponden con la realidad, de acuerdo a la Cancillería dominicana.
Los comisionados reiteraron que la infame acusación de que “la persistencia de la discriminación racial estructural contra personas de ascendencia haitiana o percibidas como tales en República Dominicana”, ha motivado negación de la nacionalidad, deportaciones y expulsiones.
En ninguna parte de ese infame informe se reconoce el derecho del Estado dominicano a ejercer control migratorio en sus fronteras terrestres o marítimas, igual que Estados Unidos que expulsa de su territorio a miles de indocumentados.
En cuanto a la burda acusación de que aquí persiste un tipo de discriminación racial estructural, convendría que la CIDH levante un informe comparativo similar sobre segregación racial, para lo cual solo tiene que moverse unas cuantas cuadras desde su poltrona en Washington.
Esa gente pretende ignorar que la población de indocumentados haitianos se incrementa cada minuto, lo que impacta de manera abrupta sobre los Ítems de salud, educación, alimentación, empleo, transporte y seguridad.
¿Cómo hablar de “discriminación racial estructural”, en un país donde la migración de indocumentados se refugia en las mismas comarcas donde los nativos también sufren exclusión y marginación social? ¿Acaso la CIDH detectó “gettos” o “apartheid” haitianos similares a los de la Alemania o de la antigua Sudáfrica?
El Gobierno y toda la sociedad están compelidos a rechazar a todo pulmón la infamia vertida contra el honor nacional por la CIDH, un mamotreto de la OEA que solo tiene ojos para ofender e insultar siempre conforme a los espurios intereses que representa.

