Opinión

Infoseguridad

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Según el profesor chileno Carlos Peña González “En el origen de los Estados modernos existe una paradoja: el Estado concentra la violencia, y de esa forma, es la principal fuente de ella; pero al mismo tiempo intenta eliminarla. Resolver esta paradoja es el principal desafío de las sociedades democráticas. Si los Estados modernos proveen seguridad sin derechos, estos pierden legitimidad, su ventaja moral”. El Estado dominicano está actuando ilegítimamente al violentar derechos en pos de la seguridad, la cual esta entredicha, igual que nuestra débil democracia.

Esa tendencia ciudadana actual, de ceder derechos a cambio de seguridad tiene que ver con la neurosis colectiva en que viven las sociedades a causa de la inseguridad mundial  que se acrecentó a partir de los atentados del once de septiembre de 2001. Sin embargo para nuestro país más que el 11S, es la corrupción, el crimen organizado, el narcotráfico, el lavado y el sicariato que están provocando cambios a un retroceso, a violaciones a los derechos y libertades con grandes secuelas de represión.

En los años de la guerra fría, los gobiernos formaban y equipaban sus cuerpos de policía, doctrinándolos ante el peligro del avance comunista en el mundo. Eran policías políticas para conveniencia de la llamada seguridad del Estado. Eran los tiempos en que se decía que  la paz venia del palo y la tranquilidad de la tranca. Hoy en la República Dominicana se está reviviendo esa lamentable siniestra época, con la diferencia que en esta ocasión no hay argumento, más que la irresponsabilidad y retroceso democrático. Estas situaciones ponen en entredicho al Estado de derecho y a la democracia como sistema político.

El profesor dominicano Ramón Emilio Núñez expone el planteamiento del jurista argentino Alberto Binder, “Poder, conflicto y violencia interactúan dinámicamente en la sociedad, por lo que insiste en que una política criminal que se corresponda con una democracia debe plantear, que como el derecho penal es un ejercicio de violencia frente a unos conflictos particularmente graves, es de esperar que el poder punitivo opere de un modo que no aumente la conflictividad, no genere más violencia ni constituya un abuso de poder. Todo esto obliga a tener políticas para gestionar la conflictividad, para potenciar los aspectos positivos del conflicto y reducir los negativos”.

Hoy día aun existen políticas públicas en donde por lo general se prioriza la seguridad y se descuidan los demás derechos fundamentales. Entonces hay un estancamiento en América latina en cuanto a la garantía de la seguridad y un retroceso para los Estados Unidos y nuestro país. “Ningún derecho que tenga que afectar a otro derecho para ser cumplido está bien aplicado.”

Nicolás Maquiavelo trata el tema de la seguridad vista desde el Estado en su libro “El Príncipe”, en el cual plantea que la seguridad desde el punto de vista de un mecanismo que puede o debe utilizarse para garantizar la seguridad del rey y de su reino. Es al parecer la filosofía que sigue nuestro gobierno en pos de perpetuarse en el poder.

Tradicionalmente en nuestro país, no se entiende ni se aplica la seguridad como un derecho humano, sino como un instrumento o medio para proteger proyectos e intereses individuales o de grupos que casi siempre ostentan el poder asociado a otros organismos, excluyendo a las mayorías, negándoles sus derechos fundamentales.

El Nacional

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