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Reflexión sobre los  funcionarios públicos II

En nuestro país los solicitantes de empleos no son valorados por su capacidad o preparación sólo se toma en cuenta las  relaciones o  las amistades de los aspirantes. Sobresale el hecho de que los empleados públicos no deben ser un capricho de los encargados o jefes de puesto, los cuales ven a sus subordinados o los consideran como cosas, como un objeto de su propiedad.

 La función pública, las instituciones y el Estado mismo, son un simbolismo, que deniega su rol y dejan al abandono los servicios que necesitan y que esperan los ciudadano.

 Es inaceptable que en esta época se siga practicando la esclavitud moderna, si se quiere, de manera oculta, la consideramos una de las mayores formas de injusticia. Una gran cantidad de personas son explotadas y abusadas física y mentalmente.

 Y el principal problema a resolver es que desconocemos lo que sucede, pese a que los porcentajes de seres humanos víctimas de estos abusos son muy altos y la esclavitud se ha expandido a través del mundo.

 Aquí radica la importancia de hacer valer los derechos, luego de conocerlos debemos defenderlos, es ahí que todo dominicano consciente debe comenzar una cruzada a favor de la educación cívica, patriótica para crear y multiplicar la civilización, donde cada habitante que resida en el país respete los derechos de los demás y defienda los propios.

Por otra parte los  recursos dilapidados y de evasión de impuestos servirían para garantizar los servicios públicos e impulsar el desarrollo. Esos recursos recuperados, serían la solución a los problemas de la sociedad.

Estoy de acuerdo en que la felicidad y equilibrio emocional de la gente es una decisión de cada quien, pero luego de tener las necesidades básicas satisfechas, situación que lamentablemente no se da en República Dominicana y estas son responsabilidad del Estado, siendo obligatorio el suministro de los servicios públicos por parte del mismo.

¿Cómo redireccionar los recursos del Estado que se dejan de percibir fruto de  la corrupción?

Aunque creo que el país es inagotable, tal como se ha promocionado turísticamente, la realidad es que al ritmo que vamos, nos convertiremos en un Haití, y en cuanto a la criminalidad nos estamos pareciendo a México, Colombia y otros.

 Los recursos dilapidados que se gastan en publicidad y propaganda vacía por parte del Estado son incalculables miles de millones.

 Se deben revertir en orientación e información ciudadana, sobre los servicios que se ofrecen, como acceso a ellos para simplificar la gestión.

 Que interesante sería conocer a través de estudios científicos las estadísticas que surjan de la cantidad de recursos dilapidados por el mal uso de dicho recursos públicos, de las evasiones de impuestos y la corrupción.

Hoy quiero pedirles apreciados lectores que no dejen de ser la diferencia y juntos hagamos de esa diferencia, un compromiso de la colectividad o de todos, para recuperar el país.

El Nacional

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