La corrupción y el crimen como fenómeno social
Hoy en día, más que nunca, las sociedades organizadas necesitan de seguridad y protección, ya que en toda etapa de la evolución del desarrollo humano, el hombre ha sido la peor de todas las amenazas para su especie y el mayor peligro para sí mismo.
La criminalidad forma parte de los fenómenos sociales que reflejan las particularidades de cada etapa histórica de las sociedades y su relación con el sistema político. En específico, esta relación se expresa en la norma jurídica en su carácter subjetivo y coercitivo, y en su imposición del sistema de relaciones sociales que manifiestan los valores legitimados desde el poder.
Toda persona en su desvivir social necesita sentirse productiva, activamente útil en su entorno social y cumplir con su rol ciudadano. En la evolución de los grupos humanos surgen desequilibrios debido a los fallos del ordenamiento de la sociedad, dando origen a las diferentes clases sociales y dejando consigo la desigualdad y las exclusiones sociales.
Muchos de estos grupos conforman ciudadanos con alto grado de frustración, que a su vez deciden crear organizaciones alternativas que se contraponen con la realidad que les toca vivir, convirtiéndose en disidentes que desestiman las normas establecidas de convivencia social pacífica dentro del estado de Derecho y de nuestro sistema democrático, y muchos de estos desafían la autoridad legalmente constituida.
Fruto de esta situación se desprenden los antisociales, quienes hacen frente al sistema, infiltrándose doblemente en instituciones estatales y de esta forma convertirse en autoridades que juegan ambos bandos, son dobles agentes: del mal y disfrazados para el bien, que además reproducen conductas criminales. Evidenciando la doble moral.
A medida que se incrementa la corrupción, el crimen y los delitos, simultáneamente va en aumento una amenaza imperceptible de infiltrados en diferentes instituciones del Estado, especialmente en las encargadas de cumplir y hacer cumplir la ley. De ahí podemos situar el caso de la institución policial, que ha sido la más burlada o filtrada para intenciones malsanas y cada vez con más influencias en las diferentes jerarquía y funciones.
Cuando enfocamos el desarrollo humano se destacan diferentes factores sociales: económico, social en sí, cultural, psicológicos, vistos en diferentes perspectivas analíticas, en términos individuales o colectivos.
Por un lado, determinados individuos aspiran a incorporarse a la institución policial con el propósito de satisfacer sus necesidades o aspiraciones a través de la carrera policial. Por otra parte, están los que piensan que el entrenamiento, los incentivos y las normas, no ayudan a obtener un producto apto para la eficiencia de funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, que le corresponde a todo miembro policial.
Por tal razón, debería ser una de las prioridades de todo Estado y sociedad organizada el garantizar la seguridad ciudadana. No entendemos el que a través del tiempo no se haya invertido los recursos necesarios para construir instituciones fuertes, eficientes y capaces, primero para prevenir; segundo resolver conflictos de forma pacífica y tercero controlar todos los hechos punibles.

