Si bien es cierto, como ya hemos dicho, que tenemos un Plan de Seguridad Democrática basado en la teoría y planteamientos de la visión global definida por los países desarrollados, como ha asumido Colombia desde el 2003, lo cierto es que no hemos sabido llevar esas teorías a la práctica.
La ejecución de nuestro Plan no ha sido discutida, ni debatida y al momento de hacer los encuentros para revisión y tener los detalles de las dificultades y las evaluaciones, no se ha contado con el personal que incide directamente en la ejecución del plan, ni hay una conexión entre los actores principales y ejecutivos del mismo, con los que dirigen y trabajan en las operaciones, los que están en el día a día en dichos barrios seleccionados y los miembros de las comunidades.
Otra dificultad de dicho plan, es que la capacitación y readiestramiento de todos los recursos humanos que trabajan en su aplicación, incluyendo a los policías, no han sido capacitados acorde a la filosofía y los objetivos del mismo. No se les ha dicho qué van a hacer ni cómo lo van a hacer.
El nivel de desinformación de los actores y de la ciudadanía es tan grande que cuando se habla de Barrio Seguro muchos llegan a pensar que se habla en general del Plan, siendo Barrio Seguro solo uno de los elementos. Esto deja claro que los mismos ejecutores de las políticas públicas de seguridad democrática desconocen el rol que deben desempeñar.
Desde sus inicios, al Plan le ha faltado sincronizar en lo que respeta a garantizar la seguridad ciudadana. Ni los sectores sociales comunitarios, ni los estatales, principalmente las instituciones que tienen que ver con la seguridad democrática, han consensuado, convergido y participado dignamente en el desarrollo del mismo. Cada institución incidente, realiza su función tan individualizada que hasta hemos visto sus criterios contrastar en las noticias.
Los ejes maestros del Plan, en lo que corresponde a la Policía, son principalmente la acción comunitaria y la acción preventiva, lo que parece una gran paradoja, puesto que en la ejecución del mismo, la Dirección Central de Policía Comunitaria y la Dirección Nacional de Policía Preventiva no han participado de manera institucional. Lo más grave es que por el contrario a la esencia del Plan, el Estado y sobre todo la Policía, es cada vez más represiva que nunca. Lo principal a tomar en cuenta en cualquier proyecto debe ser siempre la objetividad, los propósitos, la viabilidad y los resultados que nos lleven a alcanzar el éxito para evitar que se lleve a cabo de manera personalizada o particular. Esto ha privado a muchos sectores de la sociedad que tienen la disposición de aportar sus granitos de arena, pero que, debido al protagonismo que hacen individualmente los actores principales, se han abstenido de consensuar sus propuestas para ampliar y adecuar el plan a la realidad dominicana.
En resumen, la seguridad democrática debe ser un proyecto político y social que se aplique correctamente y acorde a los cambios que requiere y exige la sociedad.

