El control social y el monopolio de la fuerza
(I)
Pocos han hablado y escrito sobre los oscuros secretos en torno a las perversidades, crímenes y abusos de poder de la gran mayoría de nuestros gobiernos en toda la historia del Estado dominicano y hasta hace poco el temor generalizado por la población común consideraba hablar de estos un tabú, razón que entiendo ha permitido excluir el escrutinio y que no sean examinadas minuciosamente la importancia e incidencia de los actores que han servido de instrumento para el control social opresor, antidemocrático y dictatorial.
Dicho sistema tradicional, corrupto y corruptor que ha subsistido protagonizado por los gobiernos irresponsables y sus cómplices socios de la oligarquía privilegiada que han administrado la cosa pública como una empresa privada monopolizando con exclusividad los beneficios del Producto Interno Bruto y socializando los problemas, conflictos y números negativos, que se lo cargan al pueblo trabajador y honesto; lo que ha sido posible por el monopolio de la fuerza que reside en el Estado y que aportan los cuerpos castrenses y de seguridad conformados por las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional con los demás organismos especializados dependientes y relacionados que incluyen los de inteligencia, investigación y espionaje o caliesaje.
Situación a la que nuestra sociedad ha vivido de espaldas y sin reconocer o aceptar que este sistema deshonesto se sostiene protegido por las instituciones de armas o de uniformes, las cuales han sido adoctrinadas para ser sumisas, dóciles, obedientes, serviles y subordinadas a los gobiernos y grupos de poder que controlan todo.
Esta realidad continúa porque a la población y los sectores pensantes no les interesa o no entienden que la represión, el autoritarismo, la fuerza bruta, los abusos e injusticias existen por la facultad y privilegio del monopolio de la fuerza que reposa en nuestras instituciones militares y policiales manejadas al antojo del presidente y los poderes corrompidos.
Hoy los policías y militares, de igual manera los pensionados están más desmoralizados y debilitados que nunca.
Le han matado su dignidad individual e institucional, lo que los convierte en instrumentos serviles con débil institucionalidad para aplicar la ley y el orden con responsabilidad a favor de la sociedad, pero fuertes y peligrosos para usarlos en los negocios oscuros, corruptos y criminales, operan como mafias organizadas al servicio del mal.
Nuestros militares y policías han perdido su orgullo y espíritu de cuerpo: no tienen derechos ni libertades, no pueden votar, no tienen instancias de reclamo para que protejan o defiendan sus derechos, no tienen libertad de expresión ni facultad para deliberar, no tienen seguridad social mínimamente aceptable, no se les respetan ni reconocen el escalafón ni los méritos, los entrenan como animales sin la más mínima dignidad y para colmo tenemos las instituciones policiales y militares peores pagadas de América, a pesar de ser la profesión de mayor riesgo según estadísticas de víctimas en el desempeño de sus funciones.
Hoy día hay un gran reto para el gobierno del cambio: la sociedad dominicana y la juventud como protagonistas se indignan en un gran despertar para reclamar institucionalidad democrática y transparencia ética en la administración pública y exigen justicia con régimen de consecuencias para los corruptos y ladrones, para así, poner fin a la impunidad.
Por: Juan Tomás Taveras
MAyor General (R) P.N.
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