Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, siempre fue observado como un hombre de extrema confianza del antiguo presidente Álvaro Uribe, en cuya administración (2002-2010) ocupó el Ministerio de Interior en el combate a la guerrilla de la FARC. Fue un empleado obediente a Uribe, sin disentir en lo absoluto, de estos funcionarios que sólo saben decirle a su jefe ¡Sí señor!
Esa confianza de Uribe en Santos fue el motivo para que el primero lo escoja como sucesor, lo apoyó y determinó su triunfo en las elecciones colombianas del año 2010. Pero una vez Santos asciende al poder político guardó distancia con Uribe, propiciando el diálogo y la paz colombiana mediante negociaciones con la guerrilla. La oferta de paz de Santos caló positivamente en la población e hizo posible su reelección presidencial.
No se cuestiona el éxito y razón de Santos en su política de pacificación de Colombia. Pero ¿En cuál Santos creer? ¿En el ministro de Uribe que aprobó y practicó la lucha sangrienta entre las fuerzas regulares y la guerrilla o en el que una vez llega a la presidencia busca el diálogo y la paz? Sólo hay un Juan Manuel Santos, el cual, con razón o sin razón, traicionó políticamente a Álvaro Uribe.
Un fenómeno parecido acaba de producirse en Ecuador. Lenín Moreno fue segundo de Rafael Correa. Moreno logró confianza y fue postulado o en 2017, ganando gracias al apoyo de Correa. Sin embargo, una vez asciende al poder empieza a combatir la corrupción del pasado gobierno, del que formó parte. Con razón o sin razón ¿en quién creer? ¿En el Moreno que fue discípulo de Correa o en el que se ha convertido en su verdugo?
Ahora resulta que Moreno celebra y gana un referendo en el que, entre otros aspectos, ningún ecuatoriano podrá ser presidente por más de dos períodos, lo que inhabilita a Correa para las venideras presidenciales.
Aquí tenemos ejemplos de traidores e ingratos. Ulises Heureaux asciende en 1882 con el apoyo de Gregorio Luperón y el partido Azul, terminando posteriormente en dictador y persecutor de sus antiguos compañeros. Ni hablar del caso de Danilo Medina y Leonel Fernández. Este último vació las arcas del Estado en el 2012, caso por el que podría tener problemas judiciales futuros, para imponer a Medina y ya todos conocen la historia.

