Opinión

Inmortalidad

Inmortalidad

El nombre de cada madre adquiere día tras día el escudo de la inmortalidad, porque ella es sendero de paz y amor, ofreciendo al mundo y a las naciones el legado imperecedero que albergan las auroras y los trinos de su existencia.

Madre, nombre que debía adquirir la admiración y la importancia de ese ser sagrado, que desde su vientre fecundo da al mundo las flores, los rocíos, el simbolismo y la ternura por su dedicación, su esfuerzo, su dolor y sus lágrimas, a veces vertidas en silencio y otras en la expresión del verbo.

Las contingencias de la vida la hacen heroína en los cinco continentes y los importantes renglones que conforman sus cinco letras.

Madre, debía eternizarse en nuestros pensamientos y acciones, en un mundo como el de hoy, que debía cambiar, transformarse para que su amor sacrosanto y su divinidad sean inconmensurables, tan trascendental como la grandeza representada en estas cinco letras.

Imploramos a Dios todopoderoso, rey de reyes y eternidad de eternidades, para que en nuestra nación cesen los feminicidios y las tribulaciones que tanta sangre y dolor a la familia, a la sociedad y al mundo les han costado, dejando niños en la orfandad, familias destruidas ante la violencia criminal de aquellos que no piensan que vienen del vientre de una madre.

Que nuestro Congreso Nacional adopte nuevas sanciones y medidas para prevenir en lo posible las acciones de aquellas manos sacrílegas, que, al producir muertes y heridas a madres e hijos, también ellos mismos se condenan ante el presente, ante la posteridad y ante la historia.

Recordemos al Divino Maestro y Redentor Jesucristo, quien al ser crucificado pronuncia esta frase lapidaria. “Hijo he ahí a tu madre. Madre, he ahí a tu hijo”.

Al Congreso que legisle para que se establezca el cúmulo de penas contra los que cometen feminicidios, porque ellos constituyen un atentando contra la creación, representada, sin duda alguna, en la mujer.

Felicidades a las madres en su día.

El Nacional

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