Opinión

  ¿Inocente  la Casa Blanca?

  ¿Inocente  la Casa Blanca?

POR Lilliam Oviedo
lilliamoviedo@yahoo.es

El golpe de Estado en Honduras es de factura yanqui. Si  Manuel Zelaya repite lo que le dijo el subsecretario de Estado  Thomas Shannon, quien le aseguró que Estados Unidos repudia la acción, es porque no quiere más problemas con los poderes fácticos.

 El presidente de Bolivia, Evo Morales, identifica al Comando Sur como “el principal responsable”, y dice que “tal vez Obama no sepa esto”. Señala que una agresión similar fue planificada contra el proceso político en Bolivia.

 Igual que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, Evo Morales desliga a Obama.

Es preciso indagar, sin embargo, hasta qué punto está comprometido el presidente Barack Obama a actuar acorde con las situaciones de hecho que le presenta la ultraderecha.

Si ese sector pudo desmontar un gobierno en Honduras, ¿quién garantiza que no podría hacer lo mismo en Nicaragua, en El Salvador, e incluso en Guatemala?

El ex subsecretario de Estado Otto Reich, proclama que el actual gobierno de Honduras es legal. Lo mismo dicen los legisladores cubano-estadounidenses que apoyan la agresión contra Cuba, contra Venezuela y contra todos los gobiernos que rechazan el neoliberalismo, 

  Pero hay que destacar que fue la actual secretaria de Estado, Hillary Clinton, quien anunció la apertura del proceso de negociación con Roberto Micheletti y su pandilla, con la mediación del neoliberal presidente de Costa Rica Oscar Arias.

 El anuncio de Clinton y su protagonismo en el proceso, fortalecen la posición de los partidarios del golpe en Estados Unidos y despojan a los golpistas de la condición de usurpadores.

¿Estaba el presidente Obama de acuerdo con esto, o sencillamente está obligado a permitir que la ex Primera Dama favorezca intereses ajenos a todo proyecto de cambio?

¿Hasta qué punto Obama está obligado a permitir que la ultraderecha termine poniendo su sello en la política del actual gobierno hacia América latina?

Si Obama no auspició el golpe en Honduras, por lo menos puede identificar a los grupos y a las figuras del poder estadounidese  que sí lo hicieron, y es su obligación iniciar acciones contra ellos. Al no cumplir con esa obligación, encubre el delito y se hace cómplice.

Los golpistas recibieron apoyo económico y asesoría política de estrategas estadounidenses, y eso es inocultable.

Ahora, personajes que se mantuvieron en las sombras, como Otto Reich y algunos apátridas de origen cubano, se pronuncian en favor de Micheletti y presentan el golpe como la salvación de la institucionalidad en Honduras. ¡Qué descaro!

 Hillary Clinton lava la cara a los gorilas. A Obama, al hacerse evidentes ciertos compromisos, se le alcanza a ver el lodo.

El Nacional

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