El canciller de Haití, Claude Joseph, incurrió en una hiriente actitud hacia la República Dominicana, cuando le requirió al ministerio de Relaciones Exteriores, su intervención para que los ciudadanos y el propio gobierno cambien la retórica para cambiar «la narrativa negativa”, en contra de las acciones de agresión permanente que ocasionan los haitianos a los habitantes de nuestro territorio, en diversas direcciones, que incluyen delitos y crímenes.
Conforme con el diplomático haitiano, el canciller dominicano, Roberto Álvarez, estuvo de acuerdo con que “ese tipo de declaraciones negativas dejan mucho que desear” afirmación que nos resistimos de creer que haya sido pronunciada por el funcionario, pues estaríamos adoptando una posición de genuflexión frente Haití, país que no cesa de conspirar contra nuestra amada Patria, víctima de incesantes ataques armados desde décadas por apoderarse de la tierra dominicana.
¿Qué pretende Haití? Al parecer, aspira que nos quedemos callados ante los planes sediciosos que se tejen ocultos y públicamente contra la soberanía nacional, en su desafiante y alocado plan, auspiciado por tres potencias, para fusionar la isla, intentando lograr en una primera fase que los haitianos ilegales, estén dotados de identidad por la inconstitucional ley de Regularización o regalándole la nacionalidad, como lo hizo el ex presidente Danilo Medina, antes de despedirse del poder.
Haití aspira a que nos quedemos callados ante planes sediciosos
Y no sé por qué el ministro Álvarez, no le respondió a su homólogo haitiano su atrevimiento y falta de respeto hacia los dominicanos, cuando pide que se coarte la libre expresión y difusión del pensamiento de este intruso que debe preocuparse porque Haití arregle el desorden de su casa, o por lo menos tenga un registro civil y sus ciudadanos no sean apátridas dentro de su propio suelo. La frecuente crisis interna de Haití, son atizadas por fuerzas foráneas para provocar estampidas hacia nuestro país.
Y se equivocó este canciller haitiano, pues aquí estaremos millones de dominicanos en pie de lucha contra los planes fusionistas, alimentados , no solo por algunos países, sino por la propia Naciones Unidas que no encuentra qué hacer con el Estado fallido de los vecinos, y sus funestas y fatales consecutivas.
Y nosotros no podemos seguir soportando la carga haitiana que involucran muchos factores, entre los que se pueden citar el costo económico del presupuesto de salud, el cual queda reducido por las atenciones médicas que se les brinda a las parturientas y a los enfermos del SIDA.
Aplaudimos que se regulen las relaciones del mercado bilateral, y que se coloquen los bornes y las pirámides que trazan la línea divisoria entre ambas naciones, aunque tales medidas no constituyen la panacea al ancestral problema, dado que la única forma de contener la avalancha de haitianos es construyendo una gran muralla a todo lo largo de la frontera, y terminar de una vez y por todas, con una interminables inmigración ilegal.
Por: Hugo Ysalguez
dr.hugoysalguez@hotmail.com

