Lo revelado por el director general de Migración, vicealmirante Sigfrido Pared Pérez, de que esa institución ha incrementado los controles en la frontera, ayuda a aliviar, aunque no conjura una justificada angustia ciudadana, sobre los elevados niveles de vulnerabilidad en esa franja limítrofe.
Pared Pérez dispuso aumentar el número de inspectores en los puntos migratorios desde Haití, en un esfuerzo por evitar el ingreso masivo de indocumentados que sin dudas provocaría la situación de tragedia extrema que se padece en esa nación después del terremoto del 12 de enero.
Se procura también impedir que centenares de presos fugados de cárceles haitianas que colapsaron con el sismo crucen el hilo fronterizo e incrementen los ya altos niveles de criminalidad en la parte Este de la isla.
Las medidas adoptadas por el Director de Migración resultan oportunas, pero no suficientes, porque se requiere que tales iniciativas sean también aplicadas desde el ámbito militar, a los fines de reducir al mínimo la posibilidad de ingreso masivo de indocumentados.
El vicealmirante Pared Pérez admite que el aumento de personal civil en puestos de vigilancia surte efecto de un sello fronterizo, porque la mayor parte de los más de 350 kilómetros de zona limítrofe sería vulnerable a la inmigración ilegal.
La Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah) ha urgido a la comunidad internacional acelerar gestiones para proveer de cobija, antes de que llegue la temporada de lluvia, a unos tres millones de damnificados haitianos, porque llegado ese momento la situación tendrá ribetes de caótico.
El primer ministro de Haití, Jean Max Bellerive, reveló a Listín Diario que un millón de haitianos duermen todavía en las calles y que nadie puede asegurar que la situación cambiará en pocos meses. Si se conecta esta dramática revelación con lo advertido por la Minustah, entonces se entenderá la magnitud del problema.
Lo que se reclama a la comunidad internacional es que toda la ayuda y abordaje para mitigar los efectos terribles del terremoto se realice con prontitud y diligencia en territorio haitiano, para evitar descontrolados flujos migratorios, que en este caso sólo tendrían el camino que conduce a la frontera.
Demostrado está que ningún otro país de la tierra ha sido más solidario con el pueblo haitiano que República Dominicana, cuyos ciudadanos sufren como propia la desgracia de sus hermanos del Oeste, pero no se le puede pedir a las autoridades nacionales que renuncien a su obligación de evitar una posible situación de éxodo o flujo migratorio incontrolado.

