Madrid,(EFE).- Diez años después de la tragedia del terremoto que asoló Haití, cuyos estragos están lejos de desaparecer, organizaciones españolas siguen luchando por sacar de la indiferencia a uno de los pueblos más vapuleados del mundo. España ostentaba entonces la presidencia de turno de la UE y se encargó de coordinar toda la ayuda europea.
“Incluso El Salvador y México canalizaron la suya a través de nosotros. Llegamos a recibir 49 aviones de carga en dos semanas”, recuerda en una entrevista telefónica con Efe desde Puerto Príncipe, la capital haitiana, Manuel Alba, coordinador general de la Oficina Técnica de Cooperación (OTC) del país caribeño. Esa ayuda llegaba a Santo Domingo, en la República Dominicana, ya que la torre de control del aeropuerto de Puerto Príncipe estaba, literalmente, por los suelos.
“Las autoridades de Santo Domingo se portaron de una forma excelente y conseguimos un hangar de 50.000 metros cúbicos. Con el apoyo de patrocinadores, logramos que empresas transportistas distribuyeran la carga en todo el país”, apunta el coordinador general de la OTC. Precisamente en Santo Domingo estaba Alba cuando el terremoto sacudió el país caribeño. Fueron 7 devastadores grados en la escala Richter.
“Y entonces dije- Esto pinta muy mal. Fue rapidísimo, se cayó entero el edificio de Naciones Unidas, los palacios gubernamentales. Diez años después todavía te dura esa sensación. Fue una destrucción prácticamente total». Solo treinta minutos tardó la Embajada en dar la alarma. Y en apenas unas horas, las que emplearon en “coger el primer vuelo”, llegaron los bomberos españoles. “Ni se lo pensaron. Y salvaron muchísimas vidas». La Agencia Española de Cooperación (Aecid) ya estaba antes en Haití, con proyectos “clásicos” de cooperación. Pero ese 12 de enero “se cayó el país».
“No teníamos formación ni experiencia en una crisis humanitaria de esa magnitud”, subraya Alba. El seísmo se llevó consigo más de 300.000 vidas, 400.000 heridos y el hogar de 1,5 millones de personas. Según los cálculos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), 34.000 damnificados tendrán que seguir de forma permanente en los frágiles refugios temporales que se levantaron tras el desastre. Un desastre que acaparó todas las atenciones- el pequeño país caribeño “se llenó». “El efecto CNN fue impresionante».
Pero con ello llegó el “desorden, porque el Gobierno cae no solo físicamente, sino que se desborda porque no hay capacidad de organización ni de absorción de todo lo que iba llegando”, explica Alba. UN “TERREMATO» En esta década, de las “muchísimas cosas” que se han hecho, algunas “se podían haber hecho mejor” pero, según Alba, España ha cumplido casi todos sus compromisos. A ellos ha dedicado alrededor de 480 millones de euros, gracias a los cuales se han podido levantar 200 escuelas o poner en marcha el programa de agua potable más importante de toda América Latina. Pero lo cierto es que Haití “es pobre, con enormes problemas de gobernabilidad y con un Estado casi inexistente; el terremoto fue más un ‘terremato’, que irrumpió en un país ya muy débil».
Un país que, por si no hubiera tenido bastante, le esperaban aún los huracanes Matthew e Irma en 2016 y 2017. Para España, dice, Haití sigue siendo “una prioridad». Sin embargo, reconoce- “Claro que nos hemos olvidado de Haití, porque hay muchos otros problemas mundiales muy graves y éste es un país que tiene problemas, pero no ejerce una influencia internacional».

