Recibí, como otros periodistas, un acto de intimación del exministro de Educación, Melanio Paredes, demandando que me retracte de mis conceptos en relación al fracaso de los textos integrados, contratados durante su gestión y que posteriormente el Consejo Nacional de Educación recomendó que fueran sacados de las escuelas por infuncionales.
Debido a la presión de la sociedad, el presidente Leonel Fernández se vio en la necesidad de designar una comisión de técnicos para evaluar los nuevos libros, y, como era de esperarse, los resultados fueron de rechazo al invento.
En su momento, el profesor Paredes no pudo defender el proyecto, y ahora, mal orientado, pretende emprenderla contra los periodistas que desde el primer momento hicimos la advertencia de que los textos integrados, concebidos de esa manera, estaban condenados al fracaso.
Las amenazas del licenciado Paredes no van a impedir que mantenga mi posición de exigir transparencia y eficiencia en lo que tiene que ver con el sistema educativo, pues antes que periodista, soy maestro de vocación y formación, con 11 años de ejercicio en el Nivel Básico del sector público, los primeros cinco de manera honorífica.
Pero como los seres humanos no somos infalibles, si alguien me demuestra que fueron consensuados y licitados, entonces, ¡me retracto!
Como no soy poseedor de la verdad absoluta, si sólo una persona puede comprobar que los textos integrados cumplieron, desde el punto de vista pedagógico con los objetivos trazados, y que sus contenidos garantizan a los niños la adquisición de la lecto-escritura, ¡vayan mis excusas!
Nunca mis artículos han tenido motivaciones personales, porque mi responsabilidad como periodista y maestro es defender el derecho de los pobres a una educación de calidad y vigilar que los recursos destinados por los contribuyentes para esta tarea se manejen con transparencia.
Sin embargo, no puedo dejar de precisar que desde mis años de lucha como adepeísta aprendí a vivir sin temores.

