La lectura abolirá el tiempo del lector y lo trasladará al del autor. Así el lector podría llegar a ser copartícipe y copadeciente de la experiencia por la que pasa el novelista, en el mismo momento y en la misma forma”… La afirmación con incuestionable propiedad es de Julio Cortázar, en el capítulo 79 de su magnífica obra “Rayuela”. Se me ocurre que es como si dijera que las buenas novelas son aquellas que tienen los detalles que transportan al leedor al tiempo y al espacio y al ambiente en que se desarrollan.
Acaso esa es la razón de que al leer “De abril en adelante”, del laureado escritor dominicano, Marcio Veloz Maggiolo, uno sienta que los temores y las degradaciones de la “Era de Trujillo” toman vida y nos lleven a sufrir casi en carne propia esa realidad espeluznante. La obra del reconocido antropólogo relata cómo la traición, incluso entre parientes tan cercanos como padre e hijo, se manifestaba en procura de mantener una buena imagen frente al “Jefe”.
Estar “frío” con el dictador era, quizás, la responsabilidad más importante. Y para ello había que ser un desalmado delator de todo aquel que se atreviese a condenar las medidas opresoras del auto titulado Generalísimo Rafael Trujillo.
Sin embargo, a más de cincuenta años del ajusticiamiento del tirano, el “caliesaje” pareciera reciclado. En obvio uso irresponsable de la internet, por ahí andan unos malvados “cybercalieses” que se ocupan de calumniar y maldecir de manera cobarde, en tanto se escudan en el anonimato, a quien ose denunciar la corrupción incomparable y desmedida que campea por sus fueros en la administración pública de los gobiernos fruto del tristemente célebre pacto patriótico.
Se aprovechan del dinamismo interactivo en libertad que permiten los periódicos y las redes sociales virtuales para su canallada. Trujillo fue ajusticiado el 30 de mayo de 1961, pero esa práctica infame y tenebrosa aún perdura. ¡Desgraciadamente!…
Jorge Herrera De León
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