La creatividad cultural es muy rica, y regularmente se manifiesta con jergas, decires y refranes. En los Estados Unidos, país donde resido, continuamente choco con el ingenio popular de casi todas las etnias. Sin embargo, el argot dominicano es sin duda alguna el más socorrido por su gran variedad de términos y frases. En ese sentido, no debe sorprender a nadie cuando el ciudadano ordinario dice: Me vieron la cara de indio, y me cogieron de pendejo.
Y es que luego de que en su vehemente discurso de rendición de cuentas de los primeros seis meses de su gestión, el presidente Danilo Medina informara a la población de su deseo indomable de renegociar el injusto contrato Barrick-Pueblo Viejo, al mandatario, con declaraciones y acciones afrentosas, lo han burlado hasta con saque lengua sin que haya tenido la voluntad de siquiera fruncir la frente.
El titular del ejecutivo aparentemente se ha metido en miedo ante el indisimulado chantaje de la compañía canadiense en lo atinente a la renegociación; y, como habría de esperarse, su inacción le ha hecho perder el momentum; el mismo que él creó con su atinada oratoria. Por eso, la población ha tenido que presenciar atónita cómo de una manera prepotente, la transnacional se ha llevado tres embarques de oro y plata en las pasadas tres semanas, cuyo último envío fue nada menos que de 16 mil onzas de metales, sin que nadie haya hecho nada para evitarlo.
Pienso que a Danilo le falta el coraje necesario para defender el interés nacional frente a las excesivas ambiciones extranjeras; y eso sí que es inaceptable en el presidente de un país. No obstante, a Danilo aún le queda tiempo para no defraudar a un pueblo que, con sobradas razones, le tomó palabra. Solo tiene que asumir una actitud digna ante esa vergonzosa situación. Ahora bien, de seguir el pillaje de la infamante Barrick, sin que se escuche el ¡carajo! definitivo del presidente, es obvio que cantó como gallo, pero ha preferido poner como gallina

