Opinión

Introspección sobre una realidad preocupante

Introspección sobre una realidad preocupante

POR:  Jorge Herrera  De León

jorge20herrera@gmail.con

Igual que yo, pienso que muchas personas quisieran expresar sus opiniones en aras de debates serios sobre la realidad social o cualquier otro tópico. Sin embargo, no es posible debido a la sarta de dislates que a diario asalta a los medios de comunicación. En el caso de nuestro amado país, cuando me hablan o leo acerca de su cotidianidad, es inevitable que asomen a mi mente los mundos fantásticos que abundan en el realismo mágico de Jorge Luis Borges, Isabel Allende y Gabriel García Márquez, entre otros.

Sin mucho esfuerzo se puede concluir, sin temor a yerro, que sólo aquí es posible robar los accesorios propios de las estatuas de nuestros héroes, mártires y próceres; y los cables del alumbrado eléctrico de los puentes. Cómo también se puede ver a víctima y victimario pasear sonrientes sobre los rieles de la estafa, la dicha inicua del engaño.

Fraude que el Estado tiene que pagar previo sacrificio del ciudadano ordinario. Nada más cierto. ¡La República Dominicana es un país insólito!…
Me gustaría saber porqué no se reservan esos útiles espacios para el uso exclusivo de sociólogos, psicólogos, economistas, politólogos y otros muchos especialistas en el análisis científico o a gente con suficiente capacidad para raciocinar, aun sea empíricamente. Sería muy distinto el panorama que hoy tenemos, si las razones del desequilibrio en la relación pueblo-Estado, nos la proporciona quien tiene conocimiento de la problemática, y a hecho conciencia sobre sus consecuencias.

Rechazo comparar nuestra situación económica con la de otras naciones, solo con el interés conformista de exclamar: “aquellos están peor”. Me niego a aceptar, como si fuera chiste, que ocupemos los últimos lugares en casi todos los renglones de crecimiento, excepto el de la multiplicación de políticos con riquezas originarias a costa del erario nacional. Pero, como en este mediocre ensayo de nación, “tó e`tó y ná e`ná”, ¡qué siga el entierro!…

El Nacional

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