Opinión

Involución de la interacción

Involución de la interacción

Ya para mí es un tema reiterativo esto de los nuevos tiempos, y me estoy pareciendo cada vez más a un abuelo que siempre habla de “aquellos buenos tiempos”, aunque en realidad no creo que tales existieran. Sin embargo no termino de salir de mi asombro con la evolución de los intercambios sociales de estos últimos años.

No quiero imaginar que soy el único que se ha percatado de la involución en el intercambio social del día a día, sea entre amigos, familiares, trabajo o incluso hasta negocios. Ocurre esto en mayor medida en las clases sociales media y alta, donde hay dinero para comprar los artefactos de destrucción, como los celulares de nueva generación y computadoras portátiles de reducido tamaño.

Parece hoy ya un calvario poder llevar una conversación cara a cara con una persona, sin que esta sea interrumpida porque uno de los interlocutores está demasiado ocupado mandando un mensajito por su celular. Claro, esto no fuera problema si se hiciera 2 ó 3 veces en una conversación de 3 ó 4 horas. Lamentablemente es probable que su interlocutor pase más tiempo haciéndole creer que escucha lo que usted le va diciendo mientras escribe en su celular, que realmente prestándole atención.

La mezcla de celulares de última generación, computadoras portátiles de reducido tamaño, más el auge de las redes sociales como Facebook y Twitter, ha sido una especie de TNT social, de atroces proporciones. Estamos hablando de que el “no escuché lo que se dijo en la reunión porque mandaba un correo por mi Blackberry” se ha convertido en el “mi perro se comió mi tarea” del mundo de los negocios, y lo digo con toda la seriedad que eso implica.

No es de sorprender ir a un restaurante y encontrar una mesa ocupada con cuatro personas, cada una con una computadora portátil, y todos con sus ojos pegados a las pantallas. Obvio, no están viendo las acciones más calientes de Wall Street, están chateando o tweeteando lo último que les ocurre. En serio, mejor sería que cada quien en su casa ordene comida y se hablen por el Messenger, que sentarse juntos a no dirigirse la palabra.

Dudo que quien se inventara las reglas de etiqueta y protocolo imaginara que algún día iba a tener que lidiar con pequeños aparatitos de constante distracción.

Ay Cervantes! En el futuro a este ritmo ya cortejar una mujer se reduciría “Hey, dime mami q lo q ;-) :* “ y las expresiones corporales las vamos a manifestar desde un avatar. Los habilidosos negociadores que hacen su vida de leer el lenguaje no verbal de las personas, lentamente ven las perspectivas del futuro de su trabajo más oscuras.

Sí soy joven, y bueno, todo esto son cosas de mí generación. Pero hasta para mí ya resulta indignante que cada vez menos pueda tener una interacción con cualquier persona que lleve cierto grado de normalidad y que no sea interrumpida por el “bip bip” de uno de esos aparatos. Oiga, si va a estar interrumpiendo nuestra conversación para estar mandándole mensajitos a otra persona cada 30 segundos, mejor váyase a hablar directamente con ella y déjeme solo, que seguro la paso mejor así que viéndole la cara de bobo que pone cuando se engancha a escribir en el aparato.

Me han ofrecido los celulares, me han ofrecido las computadoras portátiles, más de uno me ha tratado de convencer de registrarme al Facebook, y una vez pensé abrirme un Tweeter para usarlo de verdad, pero al decirle a mi hermana menor el título de mis primeros 20 tweets “20 razones del porque los Tweeteros pueden seguir el consejo de Maradona e irla a chup…”, me rogó no hacerlo.  Así que hasta ahora, me mantengo para mi fortuna bien alejado de todo este embrollo.

Lo irónico de este artículo, y quizás lo que más gracia me va a causar, es que sin dudas por donde más se va a terminar de comentar este artículo será en Tweeter, cada amigo pasándolo a otro amigo, y yo sigo igual de terco negándome a sumarme a la danza de la destrucción de la interacción social como la conocemos.

El Nacional

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