La vocación poética de Mateo Morrison (1946) pende sorprendentemente de una llama estética en permanente renovación, ya que, estructura como cotidianidad, la gesta de un canto sustanciado por diversos estilos, escuelas, geografías e influencias.
Morrison, tras cada incursión simbólica; sirve vida, energía, provocación y movimiento a su propio decurso literario.
Su estro maravillado es la ética del aeda insatisfecho con la herencia de su propio numen.
Su imaginario no deja nada al azar, puesto que, en Pasajero del Aire, su nueva delación espiritual y editorial, se reviste de un sensible conocimiento, al tiempo que proyecta como degradación personal o música interior, la instrumentalización de la inconciencia colectiva y el íntimo y desgarrado padecimiento de la historia.
Se trata de un viaje artero de la memoria y la osadía. De una crónica vital y verbal, quebrantada por la plenitud de una escritura del asombro; guiada por la imaginación, cuyo único compromiso ha de ser la libertad de denunciar lo acosante e irreductible.
Literatura del escape. Letras de refugio. Palabras de búnker. Imágenes aviesas del desconsuelo. Acentos perdidos ante tanto despropósito.
Esa combinación de experiencias artísticas, fruto del estudio detenido de influencias y estilos estéticos paradigmáticos; han dado como resultado la redacción de Pasajero del Aire, de ahí que este devenga texto extraño frente a la propia poética del autor de Si la Casa se llena de sombras (Editora Universitaria, 1986), ya que, el Morrison que conocemos, ahora no sólo hace gala de remachada destreza y fertilidad creativa, distante a las obras que signaron su posicionamiento intelectual en la historia de la literatura dominicana, si no que, además, enriquece sus preocupaciones escriturales, antes sólo zaherida por el dolor y la indignación social, más tarde, embozada y remozada por el ardor del amor y sus inútiles consecuencias; para hoy aparecer revitalizada con el ensayo afortunado del llamado poema de largo aliento, donde el poeta estructura un decir vigoroso y continuado; logrando con temeridad verbal inesperada, un poema impecable por su trasfondo histórico y su mismidad melódica.

