Opinión

Islario

Islario

La tragedia haitiana ha servido como manjar a medios y periodistas de toda laya, ciencia, soporte, estatura moral y nivel cultural.

Son asombrosas y despreciables las bazofias que se escuchan a modo de reportajes  “desde el lugar de los hechos”, provenidas de productores de televisión, programas de “investigación”, analistas de actualidad internacional, comentaristas de economía y cronistas de farándula.

Una barahúnda de “corresponsales”, de diversos países se vuelcan a Haití como lobos hambrientos, pero no sólo porque lo ocurrido en la tierra de François Dominique Toussaint-Louverture (1743-1803), es materia noticiosa Premium, sino porque, en su través, el morbo en forma de presentación y representación ha sido inocultable.

Los periodistas tienen la misión de cubrir la fuente noticiosa. No de “servirse” de ella hasta el desborde de los márgenes en los presupuestos éticos y morales.

Dentro de poco veremos a “tirios y troyanos” escribir memorias y exhibir fotos y documentales sedientos de premios,  auspicios y reconocimientos. Refrendados por interese espurios, bien maquillados por fundaciones y organizaciones foráneas y criollas No Gubernamentales.

El Pulitzer, por supuesto, reconocerá la tragedia en el renglón de Mejor Fotografía, El Oscar, purgará desde el Teatro Kodak su pena recobrada, premiando al Mejor Documental, hecho, por supuesto, en el escenario de La Citadelle, o Jacmel o Puerto Príncipe. Los Golden Globe 2010, no nos sorprenderá cuando anuncien  que se reconoce a tal o cual film por la fidelidad con que recrea “el más triste acontecimiento ocurrido en Occidente en lo que va de siglo”. Asimismo, Premios Príncipe de Asturias,  descubrirá un autor haitiano, de obra y trayectoria “digna de ser tomada en cuenta por las presentes y futuras generaciones”.

Pasado el meridiano de este teatro en que a veces deviene la miserable realidad que pensamos “de otros”, volverá a doler a unos pocos, la rutina del desconsuelo y la indiferencia.

Para muchos, Haití  se volverá refrito noticioso. Tierra yerma habitada sólo  por fantasmas de los que una vez fueron pobres sin destino, abolengo ni fortuna. Hábitat fértil, por supuesto,  para forajidos sin alma, ni pudor. Motivo de “encuentros fraternos” entre litigantes de doble moral con dilettantes menesterosos y de nuevo cuño. Y anciano despropósito de infames financistas y activistas genuflexos. Por demás, queja recurrente, en la lerda intimidad de las tertulias (abundante siempre, de bocadillos y bebidas “espirituosas” exquisitas), celebradas para la maleable probidad de doctos y escribanos en Babia.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación