Opinión

Islario

Islario

¿Qué pesa más, una onza de paz o una tonelada de angustia? ¿Adónde van las sombras de sus besos derrotados? ¿En cual mañana otoñal perdió la fe? ¿En qué estación de vidrio retomó su rumbo la melancolía?

¿Qué ha sido del percance de la luz que supo gimiendo a su lado, orillada en una de las alcantarillas humeantes de Nueva York? ¿Acaso el sol es fuga irremediable de un espíritu en ayunas? ¿Qué bebe usted cuando la luna finge embeleso frente a su pereza?

¿Es este sopor un laberinto en desenfreno? ¿Es este desasosueño, un desolado y acalambrado crepúsculo?

¿Qué vino toma usted cuando la memoria se le resiente, invitándole a pasear su rezago por uno de los improbables corrillos de la intriga? ¿Cuánto impudor es necesario para recriminar al otro por aquello de lo que usted no será capaz? ¿A qué cantor se arrima usted a mitad del desespero?

El adiós desde las escalinatas de un avión rumbo al olvido, ¿es una pena en tránsito, o por lo contrario, una angustia en proceso hacia el exterminio interior o la barbarie lúdica?

¿Qué amor le dejó insoluble, varado a la intemperie? ¿Piensa usted en un ángel travieso cuando oye cantar a la Pereyra? ¿Es la Patricia el hada bendecida, que los sábados nos ve llover en azul? ¿Le ha dicho usted a la pintora  Maritza Álvarez que uno de sus peces no es más que una melómana y hermosa mariposa disfrazada? A propósito… ¿Mari-posa mejor que La Monalisa?

¿Qué amargura, qué bemol, qué sabor a algo criollo le delata en el atardecer? ¿Es el desencanto el sexto de nuestros sentidos? ¿Sabe usted a lo que se atiene al degustar un beso en madrugada y almíbar? ¿En qué parte de la casa esconde usted su nostalgia? ¿Sabe usted que esta mañana sabe a lápiz brujo? ¿Hacen sus vecinos la suma de una angustia más dos desesperanzas? ¿Qué bachata lo define en su extravío? ¿Qué poema de Mir le hace temblar? ¿Y qué texto de Vallejo le vuelve un lloro a chorros?

Morir en lontananza… ¿Es ésta una metáfora irrigada por la voz de aquel desnudo que pena a oscuras y mira el techo? ¿Es ésta una máquina de escribir o de apaciguar? ¿Si usted “censa” hoy, “cesa” mañana en el despliegue? ¿Censar o cesar? ¿Censar es cesar?

¿Estas horas son nuestros minutos aciagos, o tal vez, los vocablos hijastros de nuevos y patéticos paradigmas? ¿Acaso un paradigma puede más que un desconsuelo? ¿Alguien sabe lo que piensa cuando sueña? ¿Es el mar el ataúd de un Dios vencido? ¿Cree usted en el color verde o en el abrazo? ¿Sospecha usted de la palmada en el hombro o de la espuma del bar? ¿Podría adivinar usted la próxima pregunta?

El Nacional

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