Opinión

ISLARIO

ISLARIO

El librito particular

1 de 2

Amber Denise me hace un dibujo donde aparezco sonriente con la Banda Presidencial. Pienso que pensó que mucho me agradaría la ocurrencia, porque, “total”, yo soy su Papi; “el Presidente de la casa”.

Creo que fue al ver la ausencia de alborozo ante su arte, que llegó a la conclusión de que “el carguito” no me gustaría, por lo menos no tanto como ella pensaba.

Ante su evidenciada desilusión, atiné a reaccionar más rápido que un suspiro: “-…pero chiquita, tienes sólo ocho años y ya me haces un juicio político, conminándome a sacrificarme de nuevo por el país”, -dije sotoreído.

Luego del hecho, que no pasó de arengas infantiles sabatinas -más creativas que muchas de las usadas pasado el meridiano del torneo electoral reciente-, para luego dar cabida a sabrosas y divertidas especulaciones sobre lo que cada quien haría una vez haberse ganado la loto, me aventuré a diseñar un escueto “y muy ponderado” Plan de Gobierno”, si acaso yo fuera “elegido” Presidente.

Este “Plan..”, tendría la obligación de ser distinto, puesto que, precedido por una reforma urgente a la Constitución, el periodo para comandar “la cosa pública”, sería sólo y exactamente de 24 horas -un día sólo con su noche, más todo incluido, ¡jum!-, que terminaría, para dicha de nuestro querido encargado de Interior y Policía: “a las doce en punto teniente”.

Las primeras horas de la mañana serían de planeación y consulta. Las de la tarde; de ejecución, supervisión y ponderación de resultados.

La primera ventaja de este modo, es que cada habitante del patio llegaría a ver realizado su sueño de convertirse en Comandante en Jefe “de algo”, aún sea sólo por un día. Y que cada uno, guiaría la barca de su desilusión hacia el puerto de esperanza que entienda más conveniente; según sus expectativas y talentos.

Desaparecerían los “comilitones”, los “allegados”, los “asesores”, las “comitivas”, los “seminarios de formación y actualización”, las becas “de los hijos de los hijos”, los apartamentos para queridas, las villas, las “nominillas”, y por supuesto, los estupendos banquetes con “inversionistas” nacionales y foráneos”,   prestos a conformar “juntas”, “movimientos alternativos” o comités pro-fondos para impulsar “la candidatura salvadora”  de esta isla, “colocada en el mismo trayecto…”, del absurdo.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación