Opinión

Islario

Islario

Hubiese preferido que ganara Alguno, pero como evidencian los resultados finales vertidos en los boletines difundidos por nuestra inefable Junta Central Electoral, Ninguno se alzó -mudito y “guapachoso”, como quien no quiere la cosa-, con una decidora y aplastante victoria.

Sospecho que fue Alguien, quien saló con errores y a nuestro descuido, el menjurje de víveres trastabillantes que habíamos dispuesto en la mesa de la (in) justa electorera del 16. De ahí que Ninguno se aprovechara y tomara la sartén por donde no quema. Ajeno como siempre, al fuego del verdadero escrutinio.

Los “observadores” hablan de que el índice de abstención alcanzó un porcentaje aproximado al 60. Póngale usted, señor, señora, un  43, un 47 o un 35, ¿Qué más da? A estas alturas del padecimiento, de nada vale discutir sobre los prolegomenos de la desventura.

 Se alega que la muchacha siempre ha sido  “una bolefuego”. Que le da cariño a cualquier “pasa-cantando”. Uno de sus parientes cercanos asegura -de manera breve y contenciosa-,  que “el sujeto” es culpable de su predicamento, dada su condición de “macho con experiencia”. Alega que así la sedujo con bisutería barata y promesas de resarcimiento matrimonial, pero que no cumplió, “…y que ocho cuartos”.

En los pasillos se dicen muchas cosas, pero la verdad insoslayable es que la Junta -muchachona hermosa y de piernas largas-, está preñada. Y eso nadie lo rebate, aunque “la blanca paloma” tenga el ojo bastante morado. “¡Moraito!”

Sin dudas  “el votito” tendrá desde su nacimiento;  nombre y  color que habrá de definir el alicaído gen de la madre dedicada y obsequiosa.

Ahora el “cabeza de familia” no sabe cómo responder cuando se le endilgan errores simples y responsabilidades profundas.

Su mente esta “en blanco” y ha hecho suya la idea de la existencia de un hacker invertebrado e insomne, que dizque no deja pasar a Ninguno por home sin cobrarle el favor. ¡Ay!

Pocos advierten que de lo que se trata es de un amor de película, puro amor y devoción tras un pacto de  corbatas azules; fruto a regañadientes, del desaliento y el descreimiento popular, más definido y sorprende de nuestra historia política.

Truquimañerías aparte, de uno u otro bando, con sus consabidos abusos, gestos teatrales y atropellos incalificables; el descampado espiritual que supone el porcentaje logrado por los abstencionistas en los pasados comicios,  revela en conciencia, a ciegos, tartamudos y desfallecientes; lo tétrico y atomizado del presente en que supura su esencia el ser nacional.

Pero esto podía preverse sin un esfuerzo mega-supra humano, si acaso  los contendientes se hubieran alejado de su propio ruido, o a penas centímetros del  avieso mar  de sus apetencias ilimitadas.

 Se debió “ver” que la fiebre  abstencionista, era algo más que un “desvío verbal” de la apabullante semántica política. Ahora Ninguno celebra la desfachatez de los perpetrantes, porque dio “en el blanco”, cuando Alguien se alejó de su esencia.

El Nacional

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