Una suerte de trivia espectacular con el otro tenso que se sabe viajante perdido a través de las estelas fantasmales de su propia historia; parece autodefinirse este texto de Mateo Morrison.
Ya enajenado al interior de una botella tirada al mar. Ya transido en un paseo interoceánicos como una barca azarada por sentimientos patrios, atracada en la ría Ozama.
La partida, como se ve, atañe en Pasajero del Aire, de Mateo Morrison, a todos los elementos que componen la humanidad, sin destacar los tópicos claves inventados por el hombre en el pasado y soñado por él mismo para el futuro.
Verbi gratia: galeones, arcas, asno, caballos, veleros, estrellas, trenes, aviones, goletas; así como sueños y pesadillas, frutos del hacinamiento fabulario del hombre y su ansia denodada de partir desde y hacia lo absoluto.
¿Escribe su deseo para que su no-partida se convierta en una llamarada de huellas sin retorno? ¿Le sirve la escritura sólo como módulo idóneo para un viaje inmóvil, pero no menos delirante? ¿Viaja en la escritura o le es la memoria reflejada de su anhelo, un viaje ilusionado hacia el corazón de la lengua? Si escribir es ser. Mover el imaginario de una estética a otra, de un estilo a otro, de una manifestación espiritual a otra; es acontecer en el lenguaje.
El poeta Mateo Morrison es un cultor de acentos apasionados.
Le mueve el temblor con que los antiguos imaginaban vagando las almas heridas de pena. Ahora, vapuleado por el azar como alumbramiento cotidiano de este lar de sombras; por este trajinar desmemoriado, sin guisas de razonamientos ni presupuestos éticos, ni valores ideológicos, ni solidaridad, ni ensueño ni esperanzas; piensa partir, ha planeado partir, sueña con irse, pero sólo dentro de sí mismo.
Exiliarse de sí para alcanzar el necesario punto de encuentro con la reflexión y la armonía.
Quizás si su texto guarda alguna moraleja será esa: uno tiene el deber de dar vueltas mirando al interior de su propio entorno para reavivar y reconocer la llama verdadera de nuestro auténtico destino.
¿Y frente a nuestra poesía? ¡Incluso!

