Opinión

Islario

Islario

Guido tiene temple, antecedentes, disposición y vocación de servicio. Amén de presto el carácter para enderezar entuertos, apoyado en la forja creativa con que ha superado los prejuicios cernidos en su contra, desde que decidiera asumir con talento, el compromiso de fraguar su inteligencia, a beneficio de un heredado ideal libertario, y de una necesaria recomposición y sanación política.

Gómez Mazara es –a pesar del reducido grupo  que le adversan al interior de su propio partido-, un convencido de que  sólo mediante el ejercicio e intercambio permanente  del criterio, y la  eliminación de las actitudes retrógradas, es que puede  nuestra nación  alcanzar la plenitud de los   muy merecidos y ansiados niveles de desarrollo; tanto social y político, como cultural y económico.

Lo que  más atrae de su imagen pública, lo constituye el hecho de que es un hombre que se da el lujo de poner siempre ideas en circulación, y tras éstas, promover los tópicos urgentes para ser vertidos en una mesa de debate franco, sin  aspaviento alguno, ni  distingos de personas, partidos, origen social o  definición ideológica.

En este tenor, su forma de hacer política puede asirse como referente ante una comunidad ávida de auténticos paradigmas.

Guido actúa y dice, aupado por el buen ejemplo de la reciedumbre moral y patriótica de su pasado.

La ética de su decir claro y comprometido -para algunos, irrespetuoso y avasallante-, está cimentada  en  la complexión liberal de  su pensamiento político.

Su criticidad va de mano a la confianza que deposita en nuestro alicaído sistema democrático. Es un político moderno, acorazado por  principios cívicos que no le permiten  arredrarse a lo maleado de una  retórica de despropósitos.

 Algunos le endilgan    apasionamiento e inaccesibilidad prepotente. Mas, su pecado verdadero es ser  tenaz, con  visión y con sincera vocación de aporte.

Su manera de encarar la vida, se sustenta en permanecer altivo y alerta para así sobrevivir a la debacle y a los sinsabores.

Con la dignidad como convicción y el respeto como  “manual de procedimiento”, sus aspiraciones sin dudas tienen futuro.

El Nacional

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